jueves, 11 de diciembre de 2014

La cantante calva, esa Anti–pieza




Un clásico 
de Eugène Ionesco
en puesta
de Braian Alonso








Escribe: Alejandro Miroli




En 1950, Eugène Ionesco (1909-1994) estrena La cantante calva, que tiene un suceso moderado y que según narra Jacques Lemarchand (1) -quien presenció el estreno- provocaba en los espectadores la pregunta Pero, en fin, ¿por qué La cantante calva? Me parece, amiga mía, que no ha aparecido en escena cantante alguna. Por lo menos yo no la he visto.”

En esa época el autor trató a los últimos surrealistas –Breton, Buñuel, Adamov– y a quienes aparecieron como sucesores: los patafísicos –Boris Vian, Raymond Queneau, Jacques Prevert, Marcel Duchamp y Michel Leiris–.  Todo un clima en el cual el realismo –en su forma más laxa, la idea de arte como representación o copia, no contaminada por intenciones o deseos del autor– era arrojado al tacho de los prejuicios, al interponer entre “la realidad” y el producto artístico la ironía, el humor y un escepticismo vital. De aquí que el título no enuncie nada, no describa nada, no anticipe nada y que la obra tanto se podría llamar La Cantante calva como Ensalada de pato o lo que sea.

La cantante calva puede entenderse de dos maneras distintas: como una sucesión de eventos sin ilación ninguna, o como una secuencia de eventos que tiene una ilación oculta, que hay que interpretar. Y en ese sentido, la obra –como pocas– lleva su propia teoría adentro. En efecto, una lectura de la obra es una reflexión dramática sobre la causalidad que plantean preguntas que han inquietado a filósofos:

(i) ¿Hasta qué punto se puede mantener el rechazo a la aceptación de la concurrencia mutua de dos secuencias de eventos como lo hacen el sr. y la sra. Martin al descubrir que ellos eran un matrimonio, al asombrarse con aquello que cualquier persona ya habría aceptado, y proclamar: ¡Qué coincidencia, Dios mío, qué coincidencia!, o  ¡Es extraño, curioso, extraño!, al descubrir que viven en la misma casa, que duermen en la misma habitación y duermen en la misma cama.

(ii) ¿Cuál es el número de casos neutrales que permite justificar la inducción?

SRA. SMITH: – La primera vez no había nadie. La segunda vez, tampoco. ¿Por qué crees que habrá alguien ahora?
SR. MARTIN: – ¡Porque han llamado!
SRA. MARTIN – Ésa no es una razón.
SR. MARTIN: – ¿Cómo? Cuando se oye llamar a la puerta es porque hay alguien en la puerta que llama para que le abran la puerta.
SRA. MARTIN: – No siempre. ¡Lo acaban de ver ustedes!


Tres casos imposibles en que nada provoca que el timbre funcione, permiten sostener que “Cuando el timbre suena, nadie llama nunca”, y nada cuenta ni el cuarto ni el quinto.  Este problema –el problema de la lógica inductiva se convirtió en uno de los ámbitos más discutidos en la lógica y la teoría estadística.

(iii) ¿Cómo afectan los contextos informales a la información?

SR. SMITH: – Bobby y Bobby, como sus padres. El tío de Bobby Watson, el viejo Bobby Watson, es rico y quiere al muchacho.   Muy bien podría encargarse de la educación de Bobby.
SRA. SMITH:– Sería natural. Y la tía de Bobby Watson, la vieja Bobby Watson, podría muy bien, a su vez, encargarse de la educación de Bobby Watson, la hija de Bobby Watson. Así la mamá de Bobby Watson, Bobby, podría volver a casarse. ¿Tiene a alguien en vista?

Al decir Bobby Watson no designamos nada, o mejor dicho lo que designe nuestra comprensión Bobby Watson depende de las frases modificadoras v.g. el tío, la hija de…, et cetera. E incluso en ese caso sólo una reconstrucción precisa de todos los enlaces familiares pudiera determinar cada uno del Bobby Watson. Pero esto contraviene la idea de un nombre como un designador rígido libre de contexto.


Pero el espectador está lejos de estas claves, él o ella presencia una secuencia de eventos, lo que sucede les hace esperar que lo que suceda a cierto evento sea otro evento, más o menos esperable. Pero lo que aparece no es lo esperado, o no es nada que tenga que ver con nada.

En su obra Víctimas del deber, Ionesco expone una reflexión sobre el teatro, en boca del personaje Choubert: “Tienes razón. Todas las obras teatrales que se han escrito, desde la Antigüedad hasta nuestros días, sólo han sido policiales. El teatro nunca ha sido sino realista y policial. Toda obra teatral es una pesquisa llevada a buen término. Hay un enigma que se nos revela en la última escena. Y algunas veces antes. Se busca y se encuentra. Sería mejor revelarlo todo desde el comienzo… En realidad, el teatro nunca ha evolucionado… Como ves, se trata de teatro enigmático y el enigma es policial. Siempre ha sido así”.

Podemos aplicar la clave de interpretación que provee Ionesco en su propia obra; allí el enigma no es el siguiente evento ni un evento anterior oculto –el que le daría su carácter policial– sino la propia secuencia de eventos, o sea en términos vulgares lo que se pone en duda no es lo que vaya a pasar, sino todo lo que pasa.
En ese sentido, la obra y en general todo el proyecto de un teatro del absurdo, es parasitario del realismo: no lo evaluamos por lo que pasa –que como queda visto en la obra, puede que sea inaccesible– sino por el contraste con aquellas historias en las que pasan cosas. Ello nos provee una clave de interpretación: ¿Qué fragmento de la vida es la que se desarma y se volatiliza en esta obra? Tal vez la vida hogareña, las reuniones sociales convencionales, las maneras de mesa, los ritos cotidianos, el hablar de casi nada –y los periódicos como motivador extremo de dichas maneras de hablar– y los oficios.



La puesta que dirige Braian Alonso, acierta con el vestuario y la escenografía, también con las parejas principales: las familias Smith y Martin. La marcación exagerada de los actores no resta en el ámbito hogareño de disparate y desconexión.


Se trata de un clásico contemporáneo y como tal tiene un cierto rol didáctico, de esas obras que toda la gente de teatro debe ver, en la medida que Eugène Ionesco es uno de los autores más visitados del teatro contemporáneo. Al tiempo que una obra escrita en la inmediata post-guerra europea, la guerra total y el exterminio humano en sus formas más técnicas, en plena caída del imperio colonial francés. Así debe ser entendida, un clásico que expone la consciencia de un tiempo que estaba diezmado.

Una observación lexical: la puesta sigue la traducción editada por Editorial Losada, y comienza el primer parlamento con la declaración de la sra. Smith “Hemos comido patatas con tocino”. A veces una adaptación a la variedad local del castellano no es mal venida, allí sería “Hemos comido papas con panceta”. Hay otros casos, registramos éste como ejemplo.

(1) Prólogo en Eugène Ionesco, Obras, Buenos Aires, Editorial Losada, 1964.



Sinopsis de Prensa:

Un día como todos, donde el tiempo transcurre como de costumbre, ellos ahí, como siempre haciendo las mismas cosas, viviendo los mismos días, vacíos, superficiales y sin vida interior, avasallados por la modernidad y la tecnología. Pero algo cambió, varios encuentros de vida, experiencias y amor darán a luz a un sistema de control, a un mundo donde todo está armado, donde nada hay que pensar, donde lo importante no es importante, donde sus sueños y sentidos están apagados.
Lo absurdo dará sentido y veremos lo absurdo de nuestro mundo.







Ficha técnico-artística:


Web: http://www.facebook.com/lacantantecalva2014
Duración: 80 minutos

TEATRO EL PICCOLINO
Fitz Roy 2056 (mapa)
Capital Federal - Argentina
Teléfonos: 4779-0353
Web: http://www.elpiccolino.com.ar
Entrada: $ 100,00 - Viernes - 23:20 hs
Hasta el 12/12/2014 



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