jueves, 28 de agosto de 2014

La fiesta del hierro en otra vuelta de tuerca

Los malditos, 
una apuesta 
de Páez 
y Blanco






Escribe:
Alvarez Castillo


Esta pieza teatral, con dramaturgia de José Páez y de Adrián Blanco, en su esencia, se basa en la obra de Roberto Arlt “La fiesta del hierro” –que él definió como una farsa–  y en otros textos del mismo autor. 


En la mirada apocalíptica hacia la sociedad, en el retrato de las miserias humanas, apreciamos esos personajes, desde tortuosos a hipócritas, propios del mundo creado por este artista. En Arlt, desde su novela inicial, nos hemos habituado a que los personajes se expresen visceralmente, con sus conflictos a cuestas, sus bondades, desdichas y sus debilidades. La realidad está dicha, no se sugiere; esto, en “Los malditos”, de alguna manera está expandido. Presenciamos cómo se relacionan, motivados por intereses y mezquindades, quienes componen esta historia, con sus tramas y sub-tramas. Así conocemos a este abanico de seres que van desde el Sr. Gurt a Ambrosio, a Mariana, al Presbítero, a Don Carlitos y al mismo niño Julio, para mencionar sólo a una parte de ellos.


Son destacables las actuaciones de Claudio Pazos (un fauno), Atina del Valle (Mariana), Julio Pallares (Presbítero), Hilario Quinteros (Don Carlitos) y Francisco Oriol (Ambrosio). Y la concepción del personaje del fauno, con su potencial más rico que su contraparte, un ángel, interpretado por Marcela Jove, tiene además de una notable actuación, el poder en acto y palabra para atraer la atención de los espectadores.


El ida y vuelta constante de la acción hacen de esta pieza una obra a la que no le falta dinámica, si bien, en algún momento, parece prolongarse un poco más de lo indicado.


Percibimos cierta falta de acústica en la sala que conspira, en especial, con la voz de algunos de los actores. Por otra parte, la Sala Solidaria del Centro Cultural de la Cooperación, da excelentes posibilidades a la iluminación, bien aprovechadas por Leandra Rodríguez. Y los elementos sonoros, a cargo de José Páez, son apropiados al desarrollo de la obra. También el vestuario y escenografía son puntos altos de la puesta. Se destaca la realización en hierro de Carlo Pelella, que se desdobla generosamente según lo solicita el texto teatral.




Sinopsis de Prensa:

La acción transcurre en la casa del Sr. Gurt, un rico fabricante de armas. Julio, su hijo, ha tomado fotografías que comprometen a Mariana, su madrastra, y se propone darlas a conocer durante los festejos de un nuevo aniversario de la Fábrica de Cañones. Así, se desata una oscura trama de sobornos, presiones y engaños, al límite. Pasiones descarnadas que culminarán en un final de fiesta violento y trágico; digno de un porvenir cruel y deshumanizado, como intuyó Arlt en toda su obra: el egoísmo, la sordidez, la ferocidad del alma humana.




Ficha técnico-artística

Duración: 90 minutos

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
Corrientes 1543
Capital Federal - Argentina
Teléfonos: 5077-8000 int. 8313
Web: 
http://www.centrocultural.coop
Entrada: $ 120,00 / $ 80,00.-
Viernes y Sábado - 22:30 hs.

Del 15/08/2014 al 11/10/2014 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Antonio Leiva y el biodrama

Recuerdos 
del 
huérfano feliz 







Escribe:
Alejandro Miroli




Un unipersonal con un apuntador en escena que corrige y remienda –sin que cambie la ecuación de uno que actúa– donde Antonio Leiva narra sus recuerdos de un niño que creció en los años fundacionales del peronismo. El niño vestido de vasco lechero, en una foto proyectada que le permite dialogar con su pasado, cuando narra el viaje junto su madre, hacia el entierro de Eva Duarte de Perón, cuando presenta en su familia el encuentro de opiniones que cubrió a toda la Argentina desde esa época.


La memoria es la menor facultad de conocimiento y su construcción supone un inmenso trabajo –documentario, historiográfico, jurídico (como la Argentina lo tiene harto conocido en su reencuentro con su pasado)–. Cuando se la ejerce en solitario, en el acto de creación la memoria selecciona, ensarta un hecho con otro según una lógica propia.

Quien ha expuesto de manera notable esta fragilidad de la memoria fue el notable escritor Guillermo Enrique Hudson, en las primeras palabras de su clásico Allá lejos y hace tiempo nos dice:

Pues cuando una persona se propone recordar su niñez en su totalidad, se encuentra con que le resulta imposible hacerlo. Le pasa como a quien, habiendo subido a una colina para contemplar el panorama, en un día de espesas nubes y sombras, apenas alcanza a divisar alguna que otra silueta en la distancia. Aparece entonces una colina, un bosquecillo, una torre, la aguja de una iglesia, formas todas reconocidas merced a la caricia de un pasajero rayo de sol, mientras lo demás permanece en la penumbra. De la misma manera, las escenas, personas o sucesos que mediante un gran esfuerzo logramos evocar, no se presentan metódicamente. No hay orden, ilación ni progresión regular -nada en realidad más que manchas o parches brillantemente iluminados, percibidos clara pero pasajeramente en medio de un vasto y oscuro paisaje mental-.

De ese modo la memoria actuada del niño que fue –que tiñe de nostalgia y de reparación al pasado vivido–, los recuerdos de su casa, de su padre y de su madre, como seres tan disimiles y queribles, es como esa mirada que une fragmentos, sin un orden ni ilación propia en la manera que nos presenta Hudson. Por eso sólo nos permiten entrar en un tiempo de un modo lateral, como asomándonos al pasado desde ese niño.



Tal vez sea ésta la función básica de estos biodramas: usar la propia vida, el pasado memorado en fragmentos armados desde el presente como ventana a una época, desde un escorzo que no es habitual en los textos históricos y de las ciencias sociales, y en ese sentido los recuerdos de Antonio Leiva son eficaces.


Al mismo tiempo, esta lateralidad de la memoria construida opera como un bálsamo, como una protección en ese acceso al pasado conflictivo. Llegamos a ese pasado, desde la mirada inocente de un niño que nos habla de su mamá, de su familia, con humor, todo presidido por una introducción en la que explora con un tono irónico el rol de la madre.

Ficha técnico-artística

Un espectáculo de Antonio Leiva
Presentador: Juan Carlos Uccello
Músico en escena: Leandro Soldano
Diseño de Vestuario: Ana Rocchi
Duración: 60 minutos

TEATRO EMPIRE
Hipólito Yrigoyen 1934
Capital Federal - Argentina
Teléfonos: 4953-8254
Web: http://www.teatroempire.blogspot.com
Entrada: $ 80,00 - Lunes - 21:00 hs
Del 04/08/2014 al 29/09/2014  




sábado, 16 de agosto de 2014

La ogresa de Barracas, cruce de barbaries

Gonzalo Demaría
revive temas
del siglo XIX


Escribe:
Alejandro Miroli




Entre 1869 y 1898, varias decenas de docentes estadounidenses –la mayoría mujeres– vinieron a la Argentina para iniciar el desarrollo de las Escuelas Normales Nacionales, que irían a proveer de los recursos para el inmenso programa de educación que propagara Domingo F. Sarmiento. Estas mujeres –y unos muy pocos varones– se radicaron en las capitales provinciales y en las principales ciudades de la República, y desde allí se desató una marea educativa que aún sigue haciendo la diferencia de nuestro país.


Pero esto motivo un choque de civilizaciones –rural y urbana, tradicional y moderna–, un choque de lenguas –el castellano rural o gauchesco, el inglés estadounidense– un choque de destinos –el peón rural o gaucho; forma casi extrema de precariedad laboral la profesora normal una de las primeros destinos laborales para las mujeres profesionales y un choque de religiones –el catolicismo popular y el protestantismo de las iglesias reformadas históricas–, dan forma a la colisión que aparece como trasfondo y como tema en la obra de Gonzalo Demaría. 


Tal vez algo inspirada en el caso de la maestra Clara Jeannette Armstrong –que renuncio a la Escuela Normal de la Plata porque no cobraba el sueldo, "La ogresa de Barracas" presenta a Miss Miller, una maestra normal estadounidense disconforme con el destino que le habrían ofrecido, quejosa de las promesas incumplidas, que se dedica a enseñar inglés a los niños de las familias, y a un joven peón rural o trabajador ocasional, iletrado.


El ambiente de este encuentro es el viejo barrio de Barracas –barrio que hacia el período en que Miss Miller llegara a la Argentina, sabía combinar las residencias aristocráticas de la antigua Calle Larga con los depósitos y barracones de mercadería en una amalgama de dueños y productos de la agropecuarios con peones que acompañaban dicha mercadería, como puerta de entrada de la pampa en la ciudad.


La agenda secreta de Miss Miller es un programa eugenésico de niños pobres, que lleva a cabo con cuidado, aprovechando las fábricas de sebo del barrio para hacer desaparecer los vestigios óseos de sus víctimas. Y en el encuentro de ambos protagonistas que guardan secretos terribles uno inquiere al otro, tratando de llegar a las oscuras pasiones que los mueven.


Allí el joven observador y movedizo trata de poner a Miss Miller en evidencia, pero él mismo exhibe un horror tan similar que le impide ser juez; ambos muestras sus horrores en un juego de atracción y complicidad.


Puede entenderse la obra como metáfora de un encuentro civilización y barbarie, pero ello no es posible. Ambas barbaries sólo muestran el reverso de la vida social de la época juzgada desde nuestras propias visiones ideológicas; no hay nada de los viejos mitos de la literatura gauchesca en la crónica familiar del joven y sí una visión de la vida familiar disfuncional, mediada por más de un siglo de mirada psi, y lo mismo ocurre con el personaje de Miss Miller –en la medida que el proyecto eugenésico era en su época toda una manifestación de la modernidad más “avanzada”, ya que intelectuales que se identificaban como progresistas predicaban la eugenesia y la higiene social. Es una violencia política, en nada identificable con la figura del asesino serial como un agente con una pura pulsión de violencia psicopática.
En ese sentido la obra escenifica el encuentro de barbarie con barbarie, barbarie de la vida familiar promiscua con barbarie de la ingeniería social de la modernidad.


Ambos actores llevan sus papeles con precisión, en particular el papel de Miss Miller, ya que en ella se asume un riesgo: Miss Miller hablando casi todo sus parlamentos en inglés, con traducción simultánea –un cartel en el techo, que se ve mejor desde las butacas superiores–. Lucila Gandolfo lo hace con solvencia; en el caso del personaje marginal, hay cierta jerga campera, iletrada.
Puede señalarse que el desarrollo de la historia, la monstruosidad que ocultan, parece surgir como algo casi natural, como episodios biográficos de agentes que no tuvieran conciencia de sus horrores, mientras que el texto claramente los muestra como responsables de ellos. Y en ese sentido podría enfatizarse más la irrupción de lo no ordinario, de la monstruosidad oculta que se hace pública.


Una escenografía precisa que conforma un espacio óseo, como el interior de una osamenta gigante –un costillar que podría ser de una ballena preside el escenario configura ese espacio en el que los personajes se mueven sin la traza de mobiliario o límites, creando el espacio con su propio desplazamiento; a ello acompaña la iluminación dando clima.
Un párrafo aparte merece el vestuario –preciso y muy elaborado en ella, con vestimentas superpuestas, y más tópico convencional, en él–, que contribuye a resaltar el conflicto y contrapunto que ambos generan.

Sinopsis de Prensa:

Esta pieza concebida en díptico con “La Maestra serial”, versa sobre el encuentro entre dos culturas: la local representada en un gaucho estilo Juan Moreira y los inmigrantes, representados por estas maestras bostonianas que con su inglés llegaban al país para “educar” a los criollos residentes. La leyenda urbana cuenta sobre una dama de negro paseándose por los saladeros del barrio porteño de Barracas en busca de pupilos. Dicen que se los come, de ahí el apodo de Ogresa. Por lo demás, es fina, rubia y habla inglés. Sus víctimas no se resisten a su encanto bostoniano y caen como moscas en la telaraña. Hasta que un gauchito, émulo de Juan Moreira, la acorrala en su cueva. Este diálogo imposible ocurre en septiembre de 1888: fecha de la muerte de Sarmiento y de los crímenes del primer asesino serial de la historia, Jack el Destripador.

Ficha técnico-artística:

Duración: 55 minutos


TEATRO HASTA TRILCE
Maza 177 
Capital Federal - Argentina
Teléfonos: 4862-1758
Web: http://www.hastatrilce.com.ar
Entrada: $ 120,00 / $ 80,00 - Sábado - 20:00 hs