martes, 24 de septiembre de 2013

Otra vuelta de tuerca sobre el jardín de los cerezos

Patagonia en flor 
Escribe: Alvarez Castillo

Cuatro obras teatrales le dieron a Anton Chejov (1860-1904) su lugar en la historia del teatro. “El jardín de los cerezos” –a la que tal vez debiéramos llamar “El jardín de los guindos”, porque debido al frío no existe en Rusia lo que con propiedad denominamos cerezo– es la última de esa breve lista. Arte en Baires presenció “Patagonia en flor”, adaptación de Rubén Pires a esta obra y entendemos que, antes de hablar de la misma, es útil brindar algunas apreciaciones sobre tal creación del dramaturgo ruso. La siguiente cita y síntesis es un buen comienzo:

Se trata de una comedia escrita en cuatro actos, ambientada en el declive económico de la aristocracia rusa a finales del siglo XIX. Durante este periodo, los hijos de los que habían sido sus esclavos se enriquecían y tenía lugar una inversión de papeles que ponía en entredicho el modus vivendi de las clases adineradas tradicionales.”

Sabemos que Constantin Stanislavski (1863-1938), en la dirección de la compañía “Teatro de Arte de Moscú”, ideo un método nacido en buena parte para representar las obras de Chejov. En él era básica la atención a esa naturalidad que solicitaban los personajes chejovianos. Un crítico ha dicho –y esto también vale para su teatro–: que “Sus cuentos parecen esparcirse sobre la página sin arte, sin ninguna intención estética detrás de ellos. Y así uno ve la vida a través de sus frases.” Por eso, cuando asistimos a adaptaciones surgidas del mundo Chejov, esa esencia es parte de nuestras expectativas.


Y ahí estamos, ante la audacia de Rubén Pires que inspirado en una obra consagrada ha metido mano y creado su propia obra o versión. La traslación en espacio del conflicto no es tan sencilla como parece. La oligarquía argentina, nuestros terratenientes, consideramos que distan en origen y desarrollo a los integrantes de la aristocracia rusa. Y sus descendientes, salvo tarambanas, no “comen vidrio”. La idea original concebida para el imperio ruso de fines del siglo XIX, no es acomodable de buenas a primeras a nuestra historia. Y ahí es donde el relato pierde verosimilitud, la traslación temporo-espacial no convence. El prejuicio de clase que hemos visto en películas y leído en novelas, cuando los contrastamos con la realidad, hace agua. En la práctica, nuestra oligarquía no ha tenido, desde su surgimiento hasta el día de hoy, miramientos ni escrúpulos. A la hora de hacer negocios rentables, no titubea ante ningún jardín de cerezos. Pasa por encima de ellos. Por eso, no es creíble que un grupo familiar rechace en pleno la oferta, a fines del siglo XX, de un millón cuatrocientos mil dólares por parte de su estancia, a causa de una mezcla de sentimentalismo y nostalgia. Más si tenemos en cuenta que existe una hipoteca que arrastrará cualquier atisbo de riqueza o elegancia en el futuro.


 Según la gacetilla: “La obra transcurre a fines del año 1999 en la estancia de la familia Maldonado, en la Patagonia Argentina, fundada luego de la Campaña al desierto de Julio A. Roca. Los hermanos Lina y Leónidas Maldonado tienen que pagar una hipoteca para que no se remate su propiedad, dedicada décadas atrás a producir cerezas y sus derivados, y que hoy año 2000, tiene abandonada la producción.“ Acá aparece la figura del hijo de un antiguo empleado de la familia Maldonado que trae la propuesta salvadora. Al no seguirse su consejo –y en consonancia con el movimiento social planteado por Chejov hace un siglo– este hijo de pobres, gracias a sus ahorros, se hará de la estancia al ganar la subasta al momento del remate de la propiedad.
En tono con esto, añadimos que existen dos películas argentinas que desarrollan, de alguna manera, situaciones semejantes: “Paula cautiva” y “Las tres ratas”. Ambas coinciden con “Patagonia en flor”, en ser familias venidas a menos, con protagónicos femeninos.


Doce actores animan esta puesta, pocos menos que los que figuran en “El jardín de los cerezos”. En algunos pasajes de la representación, cuando la mayoría está en escena, se percibe cierto desarreglo general. Y da la impresión de que algunos personajes pueden no haber existido y la obra no perdería por esto consistencia, sino que justamente ganaría en solidez. El desenvolvimiento de los protagónicos es la nota sobresaliente.

Sinopsis de la obra:

Lina Maldonado vuelve de París después de cinco años a su estancia, El jardín de los cerezos, fundada luego de la campaña del desierto por sus ancestros, cerca de Esquel, en la Patagonia. La estancia será rematada a fin de año por deudas.

Un ex peón de la estancia, Alejandro Chodín, devenido en financista en la década del noventa, le propone lotear, talar y vender para pagar las deudas. Pero ella y su familia no resuelven la complicada situación amparándose en el préstamo de una tía millonaria.

Se realiza el remate y en medio de los festejos de fin de siglo se enteran, en plena fiesta, de que la estancia fue comprada por Alejandro Chodín.

Pasados tres meses, la familia deja la estancia olvidándose en ella al empleado más viejo de la casa, Pier, quien ya no tiene fuerzas para partir, quedándose tendido mientras escucha que comenzó la tala del viejo bosque de cerezos.

Los desencuentros amorosos y familiares sostienen esta comedía dramática.


Ficha técnica:

Victoria Carreras
Fabio Aste
Darío Levy 
Alejandro Hodara
Alejandro Dufau
Ariadna Asturzzi
Natalia Cuño
Flavia Vitale
Isidoro Tolchachir
Gonzalo Javier Alvarez
Claudia Finkel
Luis Margani

Dramaturgia y Dirección: Rubén Pires
Asistente de Dirección: Darío Restuccio
Diseño de iluminación: Rubén Pires
Banda sonora: Sergio Vainikoff

Escenografía y Vestuario: Paula Molina



Funciones: Todos los Domingos de agosto y septiembre a las 21 hs.
Duración: 75 minutos.
ESTRENO: 5 DE AGOSTO
TEATRO EL TINGLADO, Mario Bravo 948.
Entradas: $ 90 (pesos)



Prensa y Difusión
On Stage Development
Lucas Mentasti
1555778609 


domingo, 22 de septiembre de 2013

Brenta es el señor Nuñez en excelente actuación

Escribe: Alvarez Castillo 

Arte en Baires fue al estreno de “Also sprach el señor Nuñez”, la adaptación teatral del famoso cuento de Abelardo Castillo, con puesta en escena y dirección de Rodolfo Badaracco. Gracias a esta conducción general se recrea magníficamente el clima y el ambiente que como lector tenemos ante el texto original, con el aditamento que da la magia del teatro. La actuación, enorme por cierto, es de Gustavo Brenta, actor y director al que ya hemos valorado en otras obras (1) y (2).


“Also sprach el señor Nuñez” no es un monólogo, es una obra teatral en la que el protagonista, apoyado en su actividad en escena y a la energía verbal, anima y hace presente al resto de esos personajes imaginados por Castillo. Brenta logra que trasciendan esa invisibilidad natural. Los percibimos ahí, porque están ahí en esa mezcla de catarsis y locura que trasmite el protagonista. La excelente caracterización física, la composición interpretativa, el ritmo y la tensión sostenidos, actualizan lo genuino del texto, propio de la creatividad de Abelardo Castillo en sus inicios como escritor. Esa racionalidad exasperante que salta a escena desde el inicio nos recuerda que la razón, en su expresión extrema, alcanza el absurdo y deja a cualquier comprensión sobre la existencia en una crisis de sentido.


La acertada iluminación acompaña a Gustavo Brenta en sus desplazamientos, creando los climas apropiados para que el texto se deslice en esa trama de escenografía y actuación.

Va un párrafo del cuento original, que integra el volumen “Las otras puertas”, para saber mejor de qué estamos hablando cuando decimos: “Also sprach el señor Nuñez”:



“–Sí. Indudablemente el oficinista no pertenece a la especie. Es un estado intermedio entre el proletario y el parásito social. Un monstruito mecánico íncubo del Homo Sapiens y la Remington. Imagino el futuro: los hombres nacerán provistos de palanquitas y botones. Una leve presión aquí, camina; otra allá, habla; se acciona aquel botón, eyacula; éste de acá, orina. No, no me miren asombrados. Eso es lo que seremos con el tiempo. Sucede que se ha degradado el trabajo; la gente ya no quiere andar de cara al sol, la camisa entreabierta y las manos sucias, de gran francachela con la naturaleza. No. El campo está vacío. Los padres mandan a sus hijos al colegio para que sean empleados de banco. Porque también eso se ha degradado: la sabiduría. Que trabajen los brutos y que estudien los locos; el porvenir del género humano está detrás de un escritorio. Si Sócrates resucitara sería gerente.”


Sinopsis de la obra:
Núñez es desde hace quince años empleado administrativo de un depósito pirotécnico. Como todos sus compañeros realiza mecánicamente las exigencias de su trabajo durante ocho horas diarias todos los días de la semana padeciendo las consecuencias físicas y espirituales que este tipo de labor genera en cada ser humano. “Hasta que un lunes sin aviso previo, Núñez llegó a la pirotecnia con un baúl grandioso, descomunal, pasó por la portería a las diez y media, no marcó tarjeta, no subió al guardarropa” y entró a su oficina del modo en que nunca antes nadie se había atrevido a hacer. Porque ese lunes Núñez tenía pensado cambiar no solo su vida sino la de la humanidad entera, demostrando que para el sí el fin justifica los medios.


Ficha técnico artística
Duración: 55 minutos

EL ESPIÓN
Sarandí 766 
(mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4943-6516
Web: 
http://www.teatro-el-espion.com.ar
Sábado - 21:00 hs 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Escocia a la luz del fuego creador de Shakespeare

Escribe: Alejandro Miroli 

La apelación a Shakespeare puede ser proteica, pues casi todo puede salir de ella, y casi todo puede querer legitimarse en su obra que, como pocas, explora los confines de las emociones que motivan el comportamiento humano. Aquí la apelación a Shakespeare es directa: antes de la obra –y en el mismo pedido tópico sobre celulares– se alerta que la obra está inspirada en él y se sugiere que así sea entendida.

Dos matrimonios –Salomé y Marta, Abel y Ruth– se encuentran en una cena, cruzada por diálogos que presentan la convención de una cena de amigos y la tensión de negociaciones, entre personajes que nunca exponen sus motivos y que ocultan sus deseos sobre los resultados. En ese entorno opera una invitada: Lilith, como factor disruptivo, como tentación y testigo de emociones ocultas. Y, entre todos ellos, el ama de llaves –Isabel– y la hija –Nena– completan el camino inevitable hacia un fin trágico.



Este final –reunión de negocios, amores, deseos y deudas emocionales– configura un espacio ambiguo: negociación entre socios y amigos que desembocan, al exponer sus miserias, en una mirada propia del realismo social del teatro del siglo XX, o espacio de personajes movidos por fuerzas inmensas, ajenas y tremendas de las cuales sólo pueden ser testigos, propio de la mirada trágica de los clásicos. Este espacio ambiguo puede ser uno de los logros más notables de la obra.

Por demás, Escocia es un texto complejo, en el cual cada parlamento y cada gesto cuentan en extremo, lo que exige una atención constante por parte del espectador.
Los actores están precisos en sus caracterizaciones y hay un esfuerzo de producción visible; la escenografía es remplazada por el espacio escénico, en el cual dos secciones de plateas enfrentadas y la escalera posterior permiten un desplazamiento espacial que rodea a los espectadores y exhibe un despliegue total de los actores. La iluminación baja acentúa las sombras y los escorzos, y por momentos enmascara a los personajes, acentuando la sensación de angustia y ruptura emocional que presenta la obra.

Duración: 100 minutos
DELBORDE ESPACIO TEATRAL
Chile 630 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4300-6201
Web: http://www.delborde.com.ar
Entrada: $ 70,00 - Viernes - 23:00 hs