sábado, 21 de julio de 2012

La teoría de la mariposa


Desventuras de un latin-lover
Escribe: Héctor Alvarez Castillo

Por segunda temporada consecutiva, se ofrece, en el Espacio Artístico Colette, la agradable comedia de Eduardo Grilli: La teoría de la mariposa. Se destaca en la puesta el buen trabajo de dirección de Marcela Groppa, quien además encarna en escena el papel de la esposa de un cuarentón a quien se le han agitado las hormonas.

En la obra la acción es continuada y con ella va creciendo lo humorístico. Los personajes, en sus motivaciones, están centrados en su esfera de interés. Ése es el punto de atracción. Tienen la mirada ceñida en lo personal. No salen de esa perspectiva para enterarse qué le ocurre al otro, qué necesita, qué le importa. Sólo se relacionan a través de sus requerimientos, frustrados en cada caso y por distintas razones. Hasta el sexto personaje  –al que accedemos a través de su fantasma– el psicoanalista Pettoruti, no parece ser ajeno a esto. En el desarrollo de La teoría de la mariposa apreciamos que la dinámica de entradas y salidas de los personajes está lograda, para gusto del espectador. Para esto, “un concierto de situaciones hilarantes, mezclándose con patético dramatismo y suspenso, irán fluyendo y sobrevolando la acción.” 

Hablamos ahora del personaje central: Lucrecio –muy bien interpretado por César di Giorgio“es un cuarentón, porteño, docente universitario, típico emergente de una clase media en extinción, que se ve envuelto en un triángulo emocional causado por sus inseguridades”, disfrazado de latin-lover inalcanzable. Alrededor de él “tres mujeres tan diferentes y parecidas a la vez compondrán cada uno de los ángulos de esa figura: Mirna, Natalia y Luz.” Presenciamos como Lucrecio, atrapado en su propio laberinto, se las ingeniará para sobrellevar una situación insostenible.

Agregamos que la sala Espacio Artístico Colette, situada en el Complejo Teatral Paseo la Plaza y diseñada al estilo de un café concert, ofreciendo la posibilidad de beber algo mientras se asiste a la representación.
La Música y los efectos sonoros, colaboran eficazmente con la puesta.
Siempre es difícil hacer reír, y esta obra logra el cometido. Un grupo de buenos actores hace gala de su arte para hacernos pasar un grato momento en esa magia que es el teatro.



Ficha Técnica:

Elenco: Marcela Groppa, César di Giorgio, Candela Reynoso, Susana Giannone, Pablo Bellusci.
Autor: Eduardo Grilli
Iluminación y Sonido: Ernesto Giannone
Vestuario: Marcela Groppa
Musicalización: Eduardo Grilli
Dirección: Marcela Groppa
Asistencia de dirección: Matías Echeverría Tello
Prensa: Laura Castillo Marqués

Los domingos 19 hs
Espacio Artístico Colette
Av. Corrientes 1660 (Paseo La Plaza)
Teléfonos: 6320-5346


jueves, 5 de julio de 2012

Mujeres jubilosas













El frenesí femenino resiste los años
Escribe: Héctor Alvarez Castillo


La obra de Luis Visentín: Mújeres jubilosas, que con adaptación de Daniel Di Rubba presenta el Grupo Pivot, está desde el mes de mayo en el Teatro El Espión, de Sarandí 766, y próximamente comenzará una gira por distintas ciudades.
En Mújeres jubilosas, cinco mujeres en escena dan vida a una comedia rápida, que en poco menos de una hora logra divertirnos; con motivo del cumpleaños de Alba, una viuda jubilada será visitada por un grupo de amigas y su díscola prima. La figura del violador, que en el discurso de las protagonistas se hace presente con insistencia, no pasa de ser una mezcla de fantasma y deseo sexual postergado, pero moviliza la acción dramática, incluso hasta la escena final donde las cinco mujeres se reúnen en una especie de manifiesto público, 



en parodia del haka maorí, y dan forma una expresión más vigorosa, que contrasta con las mujeres temerosas que recelan por su seguridad hasta minutos antes. 





Excelente interpretación de Antonella Tiravassi, en el papel de la pícara Matilde, la prima muda de la anfitriona. Adriana Gallo, justamente, interpreta con calidad a Alba, correctamente secundada por Marianela Quevedo, Nelda, y Liliana Gallo, Bety. En la última parte de la obra aparece Mirta Vacalebre, Dora, intervención que dará posibilidades teatrales interesantes. 




Daniel Di Rubba no sólo se encarga de la adaptación del texto original, sino que tiene a cargo la dirección general de la puesta, con asistencia de Pablo López. En esta suma de roles, Daniel Di Rubba también nos da muestras de su capacidad.

miércoles, 4 de julio de 2012

37º Congreso de Revisionismo Histórico Nacional


¿Cómo será la historia dentro de cuarenta años de historia?

Escribe: Héctor Alvarez Castillo


La Compañía Funciones Patrióticas estrenó en la Fundación Proa, el último miércoles 20 de junio, su espectáculo 37º Congreso de Revisionismo Histórico Nacional, dentro del “Año de Homenaje al Doctor Don Manuel Belgrano”. Espectáculo que a semejanza de otras obras de la Compañía, ofrece diversión a cambio de ciertas inquietudes históricas y hasta de crítica cultural. Para esto se basa en el formato del teatro, con la salvedad de que en él convergen distintos lenguajes y géneros nada convencionales, abriéndose de este modo enormes posibilidades escénicas y de comunicación e intercambio con los espectadores. Y entendemos que a la puesta hay que verla como algo integral y no detenerse en un actor, actriz o efecto.

Esta nueva obra de la Compañía Funciones Patrióticas es más compleja que ¿Qué, cómo? –obra de la Compañía que se mantiene en cartel en el Teatro Regina pero según nuestra consideración, en algunos aspectos, no logra la complicidad directa que la mencionada y la parodia no está a la altura de la anterior. Es interesante la propuesta de reproducir videos realizados a protagonistas de nuestro presente –que salvo milagro ninguno pasará a la historia– convocados por la consigna: cómo será nuestra patria dentro de cuarenta años. Luego de la sucesión de entrevistas, se da la apertura al 37 Congreso del Instituto de Revisionismo Histórico Nacional “Patricio Kelly” –nombre con el que ha sido denominado en ese futuro el hoy lamentable Instituto Revisionista “Manuel Dorrego”, que intenta infantilmente llevar agua al molino del relato, por no decir fraude, KKista.

A esta obra de futurología histórica, con tintes de ciencia ficción, la Compañía la presenta de este modo: “El año pasado se creó por decreto el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Y de inmediato, se desató una fuerte polémica entre los historiadores. Que el Instituto será el megáfono de los sin voz. Que, por el contrario, será la repetidora de los que tienen voz y voto. Que su trabajo revisará la historia oficial en favor de los intereses del pueblo. Que su misión, en realidad, será instaurar un nuevo relato de la historia con la única finalidad de controlar la memoria popular.
La disputa continúa. Y la Compañía de Funciones Patrióticas, sin pretensiones de resolverla, la escenifica en un futuro imperfecto, que es el tiempo verbal más adecuado para hacer de todo esto una comedia. Otro Manuel, Belgrano, es el prócer sometido a revisión que nos permitirá compartir con el público nuestra hipótesis sobre el funcionamiento del Instituto Dorrego dentro de cuatro décadas, época en la que, en exclusiva, adelantamos, dicha institución ya no llevará el nombre de ese gran caudillo federal.”

La segunda presentación de esta obra será el lunes 9 de julio, a las 17 horas, en ocasión del Día de la Independencia, en la misma Fundación Proa: Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca. Reservas: funciones.patrioticas2010@gmail.com

Recordemos que la Compañía de Funciones Patrióticas –según se define el propio grupo– “es un elenco estable, en un país por demás inestable, cuyo repertorio está compuesto de adaptaciones y obras propias con eje en el sentimiento patrio y la historia de nuestro país. Lleva estrenados los siguientes espectáculos: El gigante Amapolas, de Juan Bautista Alberdi (2008); La neurosis de los hombres célebres en la historia argentina, de José Ramos Mejía (2009); Política casera, de Exequiel Soria (2010); Tres jueces para un largo silencio, de Andrés Lizarraga (2010); Historia de cómo nuestro amigo Panchito González  se sintió responsable de la epidemia de peste bubónica en Zona Sur, sobre un texto de Osvaldo Dragún (2011); Educación y Distancia, en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento (2011); ¿Qué, cómo? (2011), a partir de un texto de Christian Ferrer”



(actualmente en cartel en el Teatro Regina). (http://arteenbaires.blogspot.com.ar/2012/05/que-como_10.html)

Disquisición aparte, leí en estos días que otra institución con nombre importante planifica instalarse en esta parte del barrio de la Boca, frente al riachuelo, a la Vuelta de Dardo Rocha y a metros del la turista y breve Caminito. Esperemos que en algunos aspectos tenga mejor suerte. No puedo dejar de hablar sobre el mal gusto general que quiere llamarse arte y se desparrama por las instalaciones de la citada Fundación. Subimos al ascensor y contemplamos un mamotreto de madera que aspira a ser percibido como un objeto estético, luego encontramos un tachito de lata, pintado de rojo, con algo que sale de él (¿una planta, una rama?), del mismo tipo de los que con mayor talento se desperdigan en los patios de las casas. Restos de albañilería con un rollo de papel higiénico (¡por suerte sin usar!), un huevo frito recreado, una taza rota y otras porquerías iluminan el criterio de los encargados de las artes plásticas y visuales en Proa. Cuelga del techo un no sé qué semejante a una liana, pero que con seguridad jamás será usada por Chita ni Tarzán. Y se pisa un enredo que no es arte artefacto ni alfombra, y que sólo sirve para que alguno se dé un buen porrazo. Saludos a los curadores de la Fundación Proa.


Ficha técnica:

Actúan: Paula Banfi, Paolo Baseggio, Natalia Fernández Acquier, Ernesto Fontes, Julieta Gibelli, Leandro Ibarra, Daniel Miranda, Natalia Olabe, Martín Seijo y Guillermo Valdez

Luces: Fernanda Balcells

Fotografía: Jorge Marino

Música: Alejandro Millán Pastori, Sebastián Pandolfelli y Ezequiel Espinoza

Prensa: Claudia Mac Auliffe

Dirección de video, realización y diseño: Paolo Baseggio

Producción: Natalia Fernández Acquier, Julieta Gibelli y Paula Banfi

Dramaturgia y dirección general: Martín Seijo


martes, 19 de junio de 2012

Gorostiza x 2














Dos obras de Carlos Gorostiza

Escribe: Héctor Alvarez Castillo


  La interesante propuesta de reunir dos obras breves de Carlos Gorostiza, en las que se presenta un triángulo afectivo, sale airosa de la mano del talento en la dirección de Norberto Gonzalo. La noche se abre con “A propósito del tiempo” y la excelente voz de Fernández Señor, en el papel de Rosa. Ahí inicia un gracioso ping-pong con Natalio, su marido; muy bien interpretado por Jorge Ochoa. A estos dos actores se les unirá la capacidad de Guido D’Albo, redondeando en escena un triángulo perfecto, en el texto que consideramos se destaca entre las obras elegidas. Es apropiado indicar que en ambos textos el absurdo está en el aire, por momentos da la impresión de que se lo puede palpar, irrita, a la vez que desencadena diálogos y repara, pero en las escenas de comicidad aparente, la tragedia está a la mano.
  Los diálogos al comienzo serán sobre cuestiones banales. Cada uno se mostrará distraído en su rutina, a semejanza de un gato lamiéndose en un rincón, pero con la aparición sorpresiva de Carmelo la acción tendrá un ritmo que no cesa hasta el final, donde las cosas –de algún modo– parecen retornar a un cauce natural.
  A la llegada abrupta de Carmelo, con un ramo de flores en la mano, la seguirá una salida no menos violenta. No hay secretos, en verdad, de tres; los secretos son de dos, pero a Rosa la realidad le muestra que el secreto que guardó 37 años era sólo de ella. Las verdades cotidianas terminan siendo la única verdad en la que está sumida su vida.

   En “Hay que apagar el fuego”, el triángulo amoroso no es la fantasía de una mujer insatisfecha, que añora lo que no es ni fue, sino una realidad diaria. A Cayetano, el marido bombero que trabaja en una fábrica, con un sueldo magro, le va justo el dicho “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Negara la realidad de su matrimonio anteponiendo constantemente sus aspiraciones a los reclamos de Líber. Su altruismo tiene una pata renga, en esa actitud hacia los demás no considera a la persona que tiene a su lado, que es el primer ser que necesita de él. Y Libertad, en su necesidad de huir a ese orden, le es infiel con Pascual, su amigo de siempre. Gustavo Brenta actúa correctamente ese rol de langa de barrio que, con dinero y sin compromisos, pasa por la vida con liviandad, aunque en el final sufre la pérdida de su relación clandestina.
  El que –gracias a su “ceguera”– no evoluciona en ningún sentido es Cayetano. Llega al hogar herido, luego de una nueva performance como bombero voluntario, que lo llena de orgullo, y de lo único que desea hablar es de su ascenso a cabo. El resto no cuenta. Él continuará viendo el mundo a través de su lente. Cayetano es un pobre infeliz que no puede pensar en él mismo, tal como es, porque no ve a los otros tal como son.

  Acerca de la puesta de ambas obras, podemos añadir que la caracterización de los personajes es, en todo aspecto, excelente. Se combinan con acierto voz, vestuario, actuación, manejo de la escena.
  Destaco la enorme ductilidad de Fernández Señor en la composición de dos personajes femeninos que reaccionan ante su decepción vital con distintos comportamientos, pero que comparten un sinsabor amoroso ante el que se niegan –consciente o inconscientemente– a claudicar.
  Rosa es una mujer avejentada prematuramente, que da la impresión de haber pasado su vida en la espera de un suceso que jamás tuvo otro asidero que su fantasía. LibertadLíber como la llama su marido– esconde su soledad y desgracia en una relación que no es más que un recreo cruel. La esencia de su existencia no la cambian esos encuentros fugaces, en el mismo lecho marital, con Pascual. Su personaje en “Hay que apagar el fuego” será el más humano, por su complejidad, y el que exhibirá el valor de ver las cosas como son realmente.


Sábados 21,30hs
Teatro La Máscara. Piedras 736
TE:  4307 0566 

sábado, 16 de junio de 2012

Pudor en animales de invierno


Una obra de Santiago Loza 

Escribe: Héctor Alvarez Castillo


  Los personajes –con sus diferencias y distancias– son presentados bajo un manto de piedad. En nuestra consideración –más allá de la clave psicoanalítica que recorre la obra, de los símbolos y contrarios– el dramaturgo dice y confiesa velando.
  El pudor se exhibe. Se exhibe desde la propia arquitectura del escenario, desde el perfil abierto de una casa de dos plantas, con su diseño de camas, televisión y baño, y una escalera que comunica con mesa, sillas y la heladera receptáculo. El pudor se exhibe porque necesita exhibirse para hacerse presente.



  El discurso de cada uno de los personajes –monólogos combinados con diálogos, donde la inhibición y la exhibición van juntas– desnuda una intimidad que se muestra en estado ingenuo a la vez que salvaje.
  La mujer aparece en la mención de una madre ausente, que calla, y en ese ser que tiene en la heladera su lugar, un sitio que le permite conservar la humedad y que, a un mismo tiempo, aleja, limita, el deseo, lo enfría. En ese habitáculo reside una mujer sin marcas sobre el cuerpo. La piel se conserva suave, de alguna manera en ella aún no está la aspereza de la vida. Y la humedad reinante, más allá del frío que tranquiliza, es vía hacia el calor.
  Esta dialéctica que se expresa en los pares de contrarios/complementarios: frío/calor, silencio/palabra, inacción/acción, es desperdigada a la lo largo del texto.

 El hijo con su alejamiento del hogar, con sus planes de un futuro in-dependiente de ese pasado, realiza su intento por crecer. La lectura del padre es otra, no hay un reconocimiento que arroje las vendas. El pudor se mantiene.
  El padre, Ricardo Félix, debe contener su deseo, mientras que el hijo, Martín Stanley, no padece, en apariencia, la tentación, pero detrás de la asepsia no hay tranquilidad. Le urge negar, le urge huir. Hay insomnio, no hay reposo. No hay resolución, hay un conflicto vivo que atormenta. Las marcas que no se ven, se exhiben en las palabras y en la conducta, y el silencio, cuando se instala, delata el inconformismo.

  Mientras que la voz del padre, en la correcta actuación de Ricardo Félix, marca el ritmo de la obra, ante el difícil vínculo con el  hijo, que él parece no percibir, el joven cultiva la distancia. Lo vivo impacienta; hasta la existencia de una planta como símbolo, aún en su silencio, perturba.
  En los diálogos se recurrirá al pasado en común y a la historia personal, con especial atención a las obsesiones sexuales que recorren la obra. Si las vivencias del hijo parecen estar limitadas a fantasías y a un episodio traumático, vivido a instancias del padre, como iniciación, en el padre están regadas a lo largo de su existencia con naturalidad y él las recuerda con un dejo de nostalgia.
  El hijo condenado a una vigilia constante –el insomnio que no es refugio sino encierro– tendrá en el sueño final que le ofrece el padre una salida no superadora.

  Vimos “Pudor de animales en invierno” como una obra de nuestro tiempo, con aires de Arthur Miller, musicalizada por un bajo eléctrico que hace la base, que da los climas, en interpretación de mismo director de la puesta: Lisandro Rodríguez, quien sale airoso de ambos retos.



Ficha Técnica:
Autor: Santiago Loza
Dirección: Lisandro Rodriguez
Asistencia de Dirección: Sofía Salvaggio
Padre: Ricardo Felix
Hijo: Martín Shanly
Mujer en la heladera: Valeria Roldán 
Escenografía y Vestuario: Mariana Tirantte
Iluminación: Matías Sendón
Prensa: Maria Sureda
Producción: María Sureda
Fotografia: Nora Lezano

VIERNES y SABADOS a las 21hs
CAMARIN DE LAS MUSAS – MARIO BRAVO 960





lunes, 4 de junio de 2012

Cartelera del mes de Junio




Ciclo de Cine en Sáenz Peña
Bar No queda otra




Inteligencia Artificial

En un futuro en que los casquetes polares se han fundido, debido al efecto invernadero, y ciudades como Amsterdam, Venecia o Nueva York han desaparecido bajo las aguas, reduciendo la superficie habitable, la natalidad se ha restringido. La industria del robot se ha desarrollado espectacularmente, estableciendo su próximo objetivo en hacerlos capaces de sentir emociones. David es el prototipo de niño-robot, dotado de inteligencia artificial y capaz de amar como un hijo siente por su madre. Es entregado a Henry, empleado de la empresa que lo creó, casado con Mónica y padre de Martin, criogenizado en un hospital a la espera de que se cure. El contrato estipula que si decide deshacerse de David, habrá de devolverlo a la empresa para destruirlo. Cuando David descubre que los humanos mueren y expresa a Mónica su angustia por quedarse solo, ésta le da por compañero a Teddy, un superjuguete, un osito de peluche con inteligencia artificial. Pero el verdadero drama comienza cuando Martin está curado y vuelve a casa. La convivencia entre David y Martin se complica y Mónica, que quiere a David, en vez de devolverlo a la empresa lo abandona con la esperanza de que sobreviva junto a otros robots abandonados. David mitiga su dolor con la esperanza de que se cumpla la historia de Pinocho, de que el Hada Azul lo convierta en un niño real y así Mónica lo quiera tanto como a Martin.

La película fue concebida por Stanley Kubrick, quien trabajó largo tiempo con un grupo de escritores; pero debido al fallecimiento de Kubrick, y a que estuvo durante sus últimos años de vida envuelto en el proyecto de Eyes Wide Shut - su última película -, no llegó a dirigirla.1 En los créditos Kubrick figura como uno de los productores, y la película fue dedicada a él.
En la película aparecen las Torres Gemelas, pese a haber dejado de existir desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, pero al contrario de lo que ocurrió con la película de Spiderman, en esta se decidió mantenerlas en el film que se proyectaría finalmente en los cines.


El resplandor


El resplandor es el título de un largometraje de terror psicológico dirigido por el realizador Stanley Kubrick y estrenado en 1980. Basado en la novela homónima del escritor Stephen King, la película cuenta cómo su protagonista empieza a sufrir inquietantes trastornos de personalidad a poco de llegar junto con su mujer y su hijo a un solitario hotel. Poco a poco, debido al aislamiento, al insomnio, a sus propios fantasmas interiores y a la influencia maléfica del lugar, se verá inmerso en una espiral de violencia contra su mujer y su hijo, que a su vez parecen víctimas de espantosos fenómenos sobrenaturales.
Si bien su estreno fue acogido con frialdad por la crítica, El resplandor ha ido ganando adeptos con el tiempo. Como en otras películas del cineasta estadounidense, tras la línea dramática principal se esconden innumerables representaciones simbólicas, indicios subliminales, crítica sociohistórica e indagaciones de índole psicológica en torno a la naturaleza humana y el mal.




El imperio del Sol 


Es el año 1941, una familia británica acomodada vive en un exclusivo barrio de Shanghái (China), la vida es idílica, los empleados chinos mantienen el estándar de vida; sin embargo, todo cambia, la ocupación japonesa obliga a todos los extranjeros a abandonar China en un plazo determinado, tras el que pasarían a ser considerados como enemigos.
La familia tiene un hijo, James, un chico muy ingenuo pero inteligente que adora los aviones japoneses, y su curiosidad lo mete en más de un problema. La familia tiene que abandonar la ciudad y no sólo pierde sus posesiones durante la toma de Shanghai por los japoneses, sino que extravía a su hijo James durante el éxodo.
Después de pasar muchos periplos James, el hijo perdido, se allega a un par de americanos renegados y de dudosa calaña que viven en un barco abandonado y que tienen como primer oficio el robo. James, para evitar que los estadounidenses lo expulsen del grupo, les indica que su casa está llena de valiosos objetos. Al ir al lugar descubren que está ocupado por japoneses y son hechos prisioneros.
Tanto los estadounidenses como James van a dar al campo de concentración de Soo Chow, cercano a un aeropuerto militar chino ocupado por los japoneses. El estadounidense renegado muy particular se erige como líder de los anglodescendientes del campo (John Malkovich) y utiliza a James como estafeta, donde tiene que usar su astucia y audacia para ganarse la confianza no sólo de este líder sino del oficial japonés, el sargento Nagata (Masato Ibu) que está a cargo, para mantenerse con vida en esas condiciones inhumanas. Con el tiempo, James se gana el respeto y reconocimiento de todos en el campo, incluido Nagata. El final de la guerra está cerca y los japoneses abandonan el campo con sus prisioneros, que son llevados a un estadio. James despierta una mañana y ve una luz blanquecina en la lejanía, es la mañana del 6 de agosto de 1945.
Finalmente, después de haber pasado por toda una epopeya, James se reencuentra con sus padres, pero ha dejado de ser el niño que era, tras el impacto de lo que ha vivido.
Cabe destacar como dato anecdótico que una buena parte de la película fue rodada en España, en la localidad andaluza de Trebujena (Cádiz), y buena parte del reparto de extras y de los exteriores donde se rodó la película pertenecen a ese lugar.


Full Metal Jacket


Full Metal Jacket (La chaqueta metálica en España, Cara de guerra en México y Centroamérica, y Nacido para matar en Sudamérica) es el título de un largometraje dirigido por Stanley Kubrick y estrenado en 1987. Está protagonizada por Matthew Modine, Vincent D'Onofrio, R. Lee Ermey, Arliss Howard y Adam Baldwin. Está basada en la novela The Short-Timers de Gustav Hasford con la que mantiene diferencias sustanciales en el argumento.
Este filme de Stanley Kubrick se divide en dos partes. En la primera se puede presenciar el duro entrenamiento de los marines por parte del sargento Hartman. En la segunda se pueden ver los combates urbanos durante la ofensiva de Tet, en la guerra del Vietnam.
El título de la película hace referencia al tipo de munición encamisada llamado full metal jacket.

sábado, 19 de mayo de 2012

Todos saben que esto es ninguna parte


Obra y dirección de Leonardo Azamor


Escribe:
Héctor Alvarez Castillo


 
Intriga la propuesta de una comedia sobrenatural, como se define desde la propaganda “Todos saben que esto es ninguna parte”. Se sabe que el arte de hace reír es harto difícil. A eso debe agregarse la problemática de lo sobrenatural, no sólo sin los recursos a los que nos ha acostumbrado el cine, sino con la mínima escenografía posible. Entonces la defensa de esa calificación pasa a residir –por encima del texto– en la interpretación de los espectadores, según lo que la acción sugiere en algunos pasajes de la obra. En ninguna parte será el ámbito donde lo afectivo se revela esencial. Y la comedia allí se transforma, a la postre, en comedia romántica.



En nuestro análisis, el clímax de la obra se lo alcanza al promediar ésta. Y se destaca la plasticidad, las dotes coreográficas, de Belén Parrilla, Agustín Bobillo y Soledad Cagnoni. La capacidad de ellos es el punto más fuerte de la puesta, que se despliega en un escenario despojado: dos sillones enfrentados y un viejo tocadiscos, arrumbado en un rincón, junto a unos pocos LP, son los elementos que da la concepción escenográfica de la pieza.
Los veinte minutos finales son a todo ritmo, gracias a un flash de música disco de las décadas pasadas. El tema del encuentro con el otro, la pareja y la soledad, planean en cada situación, por extraña que ésta  se presente.
Leonardo Azamor ha tomado el reto de escribir, dirigir y actuar en “Todos saben que esto es ninguna parte”; una pretensión muy alta.


Duración: 75 minutos

Ficha técnico artística
 

lunes, 14 de mayo de 2012

Club de confesiones

Patricio Abadi y el Grupo Matambre


Un buen espectáculo para la noche del sábado




Escribe:
Héctor Alvarez Castillo


Esta obra reúne dos importantes vetas en la dramaturgia de Patricio Abadi: el monólogo y la remisión al psicoanálisis, y lo hace desde la parodia de un espacio público de confesiones, el club de confesiones. En este ámbito asistimos a momentos de humor, al tiempo que se sucede el buceo en situaciones traumáticas, expresadas en el discurso de cada uno de estos seres que se atreven a la catarsis compartida con los espectadores, merced a buenas interpretaciones y un texto que exhibe un esmerado trabajo de autor, algo poco común en estos días. 


La obra comienza con el moderador –que será el confesor final– realizando alusiones a Aristóteles y su poética, que nos introducen en el proceso de Peripecia - Anagnórisis – Catarsis. Y desde ahí se juega con la idea de teatro terapéutico, como de alguna manera se trasmite desde la concepción clásica, como de alguna manera es el arte no sólo para el artista, sino también para quien comparte –lector, espectador, oyente– la creación.
Cada confesión, cada monólogo, tendrá su cuota de gracia y de ridículo, hasta una dosis de humor negro, a la par de fracaso, de un fracaso que linda la tragedia. El momento crucial que es coyuntura vital para los personajes, es lo que ellos vienen a relatarnos. El ritmo de entrada y salida de cada uno de ellos, no da tregua, y gracias a la energía desplegada, somos confidentes activos que en nuestra imaginación recreamos el relato.


El Grupo Matambre –que ya había tenido su estreno años atrás, con otra obra– vuelve a la escena. La cita es los días sábados, a las 23 hs., en la sala La Clac; Avenida de Mayo 1156.


 Ficha técnica:
PATRICIO ABADI - Terapeuta ex policía
SERGIO BARATTUCCI - El habitué infiltrado
NATALIA FARANO - Sarita, la que estuvo con el duende -
JUNIOR LAREO - El psicólogo -
PIREN LARRIEU - La maestra devenida Nicole Kidman
ANA NIEVES VENTURA  - La camarera con el padre con morfina


FICHA TÉCNICA:
IDEA ORIGINAL: PATRICIO ABADI
MÚSICO EN VIVO: LUCAS CHEVASCO
ASISTENTE DE DIRECCIÓN: LIZ ACOSTA
DISEÑO GRÁFICO Y FOTOS: PABLO SCAVINO
VESTUARIO: ANA NIEVES VENTURA
ESCENOGRAFÍA: MARÍA LAURA MOURENZA
DISEÑO DE LUCES: SERGIO BARATTUCCI
OPERACIÓN TÉCNICA: CHARLIE
PRENSA: CLAUDIA MAC AULIFFE
PRODUCCIÓN: MATAMBRE
DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: PATRICIO ABADI