martes, 14 de noviembre de 2017

Espectral complot para matar a la fálica Señora Macbeth

Griselda Gambaro 
y otra vuelta de tuerca
sobre Shakespeare







Escribe:
Fernando Gonzalez Oubiña


La sólida calidad de la dramaturgia de Griselda Gambaro sube nuevamente a escena, esta emblemática autora que fue sujeto de las listas negras de la Triple A y de la dictadura militar posterior, la que recibiera la beca Beca Guggenheim, quien en 2011 fue distinguida con el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y aquella a quien la Fundación Konex, distinguiera con un “Diploma al Mérito por Teatro” en 1984 y 1994, más un Premio Konex de Platino en 2004 y finalmente con una Mención Especial por Trayectoria en 2014.

Esta autora indispensable que escribiera la novela Ganarse la muerte”, luego prohibida por un decreto del dictador Videla, cuyo gobierno de facto la halló "contraria a la institución familiar y al orden social". La misma Gambaro que con su Antígona furiosa de 1986 marca un hito en la dramaturgia argentina con la re escritura del clásico griego de Sófocles; (Tuve el raro privilegio en setiembre del ’86 de ser invitado al ensayo general de la puesta original de Laura Yusem, en la sala del Goethe. Luego del ensayo me encontré con una Griselda preguntona, preocupada por lo que ese público escogido, sentado en el suelo, hubiera interpretado de su versión; interesada en cotejar con el adolescente que fui sus pareceres y los míos, una grande en todo el sentido de la palabra). Ella una vez más re escribe un texto clásico, en este caso nos ocupa Macbeth de William Shakespeare, trasvasado a esta estupenda Señora Macbeth que se representa ahora en el Teatro Andamio 90 con dirección de Roberto Lachivita.

Dijo Gambaro en un reportaje contemporáneo al estreno de la obra: “…yo creo que Shakespeare no se puede adaptar. Es un autor tan inmenso que toda adaptación resulta una pretensión soberbia. Simplemente me enteré de la historia, entresaqué el personaje y le di otra dirección.“


La pieza transita un novedoso tipo de realismo simbólico, con elementos expresionistas. Hay en ella una necesidad de construcción de realidades alejadas temporalmente y geográficamente de aquello que se decide metaforizar, un reino anglosajón indefinido, desdibujado, en crisis, más el denodado corrimiento del andamiaje Shakesperiano en función del rescate de lo que para Griselda Gambaro es esencial: aislar de la fábula original todo aquello que le sirve para provocar un efecto de extrañamiento:

“Bruja 1: (...) Vendrán épocas de crímenes felices, donde el poder ignorará las muertes que ocasiona. Las decidirá sin imaginarlas y sin perder el sueño.”

Hay un depurado intertexto político a lo largo de la pieza, concentrado especialmente en el personaje Banquo, como metáfora del desaparecido en el imaginario social argentino, lo fantasmagórico interpretado también como lo que aún no termina de morir, su presentación espectral es metáfora de los cuerpos de los desaparecidos por la última dictadura militar, como también se pueden establecer lecturas en las cuales las brujas simbólicamente encarnarían a las Madres de Plaza de Mayo. La autora elije el tema del destino trágico y la re semantización de un clásico como denuncia, ya que potencialmente graves males aquejan a la sociedad argentina por no retomar el camino de la memoria:

“Señora Macbeth: -(...) Macbeth (...) No estés tan pálido que no hay castigo para los poderosos... Siempre encuentran razones. O sea: yo lo ordené –el crimen- porque era necesario para el bien del estado, o no lo ordené y alguien osó asesinar por cuenta propia. Y si aparecen cadáveres en una zanja o en el río, de esa acción soy inocente porque mi poder no lo ordenó (Ríe)”


También es notable destacar que en la pieza original de William Shakespeare los personajes de Banquo y Lady Macbeth nunca tienen contacto en escena, y que la aparición en la pieza de esta primera dama es fragmentaria, casi desarticulada y es un personaje en función del conflicto principal encarnado en su esposo, sin embargo y magistralmente Gambaro toma la esencia de esta primera dama para ponerla en el lugar protagónico. Es una verdadera rareza histórica que un personaje secundario haya permanecido en el imaginario colectivo con tal fuerza como lo ha hecho Lady Macbeth.

Hay un cuidadoso trabajo de puesta en escena y una férrea y visible línea de dirección actoral, relacionada al espacio, diagonales y niveles, donde Roberto Lachivita se luce. El árido planteo escénico reafirma el clima de la dramaturgia y la completa ausencia de colores en los vestuarios recarga sabiamente ese clima de traiciones y crímenes. Destaco especialmente en el trabajo de Lachivita la entrada y el recorrido escénico que plantea para el personaje Banquo, siendo una sola escena la que Gambaro decide para este rol importantísimo, el trabajo de dirección logra sin elemento alguno, sólo con la prolijidad de dos diagonales un verdadero impacto visual, si estuviéramos hablando de cine se equipararía a un cambio de eje. Otro aspecto que toma especial preponderancia es la estupenda puesta de luces con diseño de Claudio del Bianco y Estefanía Piotrkowsky, protagonista y responsable de climas irreales, perfecta.



El ya mencionado dispositivo escénico que es demarcado por traslados, desplazamientos y niveles es transitado con gracia y seguridad por Romina Pinto en la piel de esta consorte del “Rey que será” según dicen las profecías; la dramaturgia propone un desplazamiento del personaje protagónico del original shakesperiano, dejando fuera de escena a Macbeth para centrarse exclusivamente en su esposa, epítome de la mujer fálica, al provocar ese descentramiento halla fuerza dramática precisamente allí donde se aparta de Shakespeare. Pinto es notable en fugaces tránsitos, en momentos de lucidez-delirio del personaje, y que éstos queden claros es mérito de la dirección y de la intérprete conjuntamente, ya que es especialmente difícil trabajar tan delgados límites. Un dato del texto original de Gambaro es que la autora señala en los signos secundarios que La señora Macbeth “grita con su graznido animal” acotación interesante que Pinto ejecuta a lo largo de la obra, y es increíblemente donde el personaje tiene menos potencia, quizás por acceder siempre a un único registro de crispación, en cambio su gama de matices en tonos y dimensión física son valorables, los que van desde la vulnerabilidad hasta la locura o el tránsito por la dificultad física, incluso el espanto con la entrada del no vivo. Trabajo muy exigente para una actriz joven que se pone a la altura de un texto con altísimos decibeles literarios y requerimientos extraordinarios en lo emocional.

El personaje que plantea una ruptura en la pieza, Banquo, es interpretado por Pablo Lambarri, quien lo transita con mucha solvencia y en ejercicio de una intensidad controlada, siempre a punto de estallar, esa tensión interna es un gran hallazgo de este actor que logra comunicar con potencia.


Las brujas están a cargo de tres jóvenes actrices quienes mediante elementos de clown y la desarticulación de su esquema corporal plantean un universo movedizo, pero inacabado estéticamente, incluso la enorme potencia de los textos se desmantela frente a esa excesiva movilidad, poniendo ellas mayor atención en cumplir ese requerimiento del constante cambio de posición, aún sin motivo alguno, y allí radica un problema, ya que el actor es un emisor de mensajes en escena, si no sabe o no encuentra el por qué de hacer algo y simplemente lo mecaniza lo convierte en inentendible, un signo más pero no puntual. Sucede si el actor no tiene claro lo que debe o quiere comunicar. No obstante alguna de ellas logra momentos interesantes, pero hay una modernidad que no me colabora a la hora de querer identificarlas porque el diseño gráfico del programa no discrimina en nominar personajes, solo es una lista de nombres de los participantes, en el cual se distingue por posición en primer lugar a la protagonista y en último lugar al único varón del grupo, lamento decir que el diseño gráfico del programa me ha parecido fallido, incluso el título de la obra es imposible de desentrañar y la tipografía liliputiense.

“Bruja 1: (...) Un sorbo da consuelo, otro excusas tan firmes como la verdad, y el tercero, si es necesario, total, perfecto olvido.”

En escena hay un personaje más que ejecuta música en vivo, Laura Regueira, que dialoga con eficacia desde otro lenguaje con la acción y sus protagonistas, un elemento riesgoso el de la música ejecutada desde dentro de la escena, ya que debe amalgamarse con la pista grabada y las voces, pero en este caso hay una cualidad dramática en la sensibilidad de la ejecutante que la defiende, aunque el sonido del cajón parece sumarse a una rara vibración de las tablas del escenario, aún así vale como propuesta.

Es más que valorable este trabajo colectivo en Andamio 90, que recién comienza su temporada de representaciones, planteando interesantes climas y una apreciable estética visual.

Sinopsis de Prensa:

De Macbeth y su desconstrucción.
"Vendrán épocas de crímenes felices, donde el poder ignorará las muertes que ocasiona. Las decidirá sin imaginarlas y sin perder el sueño".

La Señora Macbeth de Griselda Gámbaro nos muestra por dentro las causas y consecuencias del ejercicio de un poder totalitario. Nos muestra qué le pasaba por dentro a la mujer que amaba a Macbeth quien estaba atravesada por una cultura que la predisponía a vivir y a actuar en función de su marido llegando a límites tales como la de sofocar hasta su propia voz para enajenarse y desconocerse a sí misma. Nos muestra la consecuencias de participar y someterse a un modelo de poder machista curiosamente muy copiado por las mujeres que ejercen el poder hoy. Aquí nace nuestro trabajo que esperamos sea un aporte para mantener vivo este hermoso texto con una nueva versión escénica tratando de que el relato, las acciones y la palabra fluyan por otros canales, y podamos seguir reconociéndonos en Shakespeare.

Ficha técnico artística:


Duración: 70 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos
ANDAMIO ´90
Paraná 660 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Reservas: 4373-5670
Web: 
http://www.andamio90.org
Entrada: $ 200,00 / $ 150,00 - Domingo - 17:30 hs - Hasta el 26/11/2017 


martes, 7 de noviembre de 2017

La medalla de oro

Predicción de Agustoni:
En el futuro un Presidente logrará sanear
el Riachuelo, pero no hay oro




Escribe:
Fernando González Oubiña


Asisto al coqueto reducto teatral, donde una degustación de vinos sorprende gratamente a los espectadores que forman larga fila para adquirir sus entradas; lleno total en la sala, mucha expectación y la lógica demora.
La obra escrita y protagonizada por Luis Agustoni nos plantea una inicial sensación de profundo contraste ya que la acción se sitúa en un futuro no lejano, pero la estética literaria parece heredada de los guiones televisivos de la década del ochenta y la escenografía nos remite claramente a un departamento en Almagro, en la década del noventa. ¿Puede ser esto una buscada lectura que conjugue lo visual, la literatura dramática y un lenguaje donde sólo faltan los cortes comerciales? ¿Será esto parte de un mensaje críptico al que Agustoni pretende introducirnos? Es un texto que necesita claramente una producción más ambiciosa, y según mi opinión, una pantalla, ya que considero que se luciría más en una puesta en cámara.

La acción transcurre en el despacho presidencial de Casa Rosada. La estética del mobiliario no colabora, pero claro, difícil sería sin un apoyo económico consistente reproducir el despacho presidencial… Los asistentes al Teatro El ojo soslayamos este inicial e insalvable inconveniente, aceptando la convención para centrar la atención en cosas más trascendentes. Hay demasiados muebles en un escenario de boca y profundidad muy acotadas, entonces o se ponen menos muebles, generando menos espacios para sentarse, o sucede lo que vi: todos los actores en algún momento tropiezan con una silla, un sillón, una mesa ratona o un escritorio; lo único que se salvó de ser tropezado fueron las dos bibliotecas a foro, izquierda y derecha y las cuatro plantas. Si hay algo que distingue al lujo edilicio del siglo XIX –Hablo de Casa Rosada– son los amplios espacios, y de existir dos zonas de estar y un escritorio, estas estarían a metros de distancia, pero claro, el escenario es pequeño…


Hay una duda razonable que me asiste y tiene que ver con un tema clásico extraído del imaginario de la fábula: El incontestable maestro en su torre de cristal. Dueño de casa y mentor de su troupe comete una endogamia muy aceptable, ya que célebres íconos, por ejemplo: Constantin Stanislavski, Jerzy Grotowski o Peter Brook, hicieron lo mismo: trabajar con sus acólitos. Creo que nadie, ni el director, se atreve a contradecir o corregir al, reitero, incontestable Luis Agustoni, figura de nuestro espectáculo que merece el mayor de los respetos y el reconocimiento del público y sus pares –eso no está en discusión– pero claramente lo dejan hacer y no lo están ayudando, ya que como autor plantea una trama posible y como actor alcanza decibeles de emocionalidad muy apreciables, pero nadie le dijo: maestro, no proponga tantos espacios, el escenario es chico… ¿y tampoco el director nota la ostensible dificultad, cuando todos los actores en algún momento corren una silla para pasar, y tropiezan de manera gloriosa una y otra vez con el sesenta por ciento de todo lo visible en escena? Eso me ha parecido imperdonable, pero si nadie se atreve a decirlo en la génesis del proyecto sucede que el público lo ve, y alguien –como yo en esta oportunidad, que debe emitir una opinión crítica– no puede soslayarlo.

Hay detalles que tampoco colaboran a crear la ilusión de estar en un despacho presidencial en un futuro cercano, donde salvo modificaciones en el personal de planta, hay ejércitos de mayordomos. Me refiero al servicio que se abandona conforme a las capas de acción, se sirve un café: la taza quedará. Se usa un plato con un trozo de queso que desempeña una función dramática, no gastronómica: ese queso se pondrá rancio porque nadie lo sacará de escena.

La dramaturgia transita una futurología tibia sin ahondar en denuncias o proposiciones para centrarse en un drama humano y privado que no salpica lo público, pero que se dirime en la Casa de Gobierno: una hija de 26 años que revela a su poderoso padre un dopping que frustró sus aspiraciones Olímpicas, presenta a su novio, actor famoso de las telenovelas – Mala noticia: en el futuro hay telenovelas de baja calidad– y de un saque le espeta en la cara al líder de los argentinos que será abuelo en ocho meses y semanas… Condimentado esto con un ministro, íntimo amigo y compañero de estudios, que escandalosamente es corrupto, vulnerando las arcas del Estado y la íntima confianza que le profesa el presidente encarnado por Agustoni, que lejos de imponer desde el planteo literario un líder carismático, acepta en su despacho todo tipo de reclamos y abusivas conductas de todos los visitantes que por uno u otro motivo lo interpelan. Esto no es ni siquiera un defecto de la dramaturgia, ya que Agustoni desde lo actoral se rebela eficazmente contra esos avances generando los pocos pero interesantes focos de conflictividad de la pieza. Como actor se desenvuelve con mucho oficio y es creíble, su cuerpo dice otras cosas en los constantes tropiezos con el universo de muebles que él mismo plantea. La escenografía de Nadia Casaux se convierte en su principal enemigo.


Este drama naturalista cuenta con las actuaciones de Ricardo Levy en la piel de ese ministro inaceptable, y es una actuación correcta pero lineal, no duda ni plantea otra estrategia que la de la amenaza y el contraataque, y lo hace todo en el mismo tono. Paula Saenz, la más joven del elenco, es la hija del presidente, deportista, desparpajada, también incendiaria. Ella comete la linealidad de plantear toda su problemática desde una única visión enojada y contestataria, llega a la emoción pero vuelve a su conducta que incluye una permanente posición con el peso de su cuerpo tirado hacia atrás, sin contrastes y debilita sus posibilidades de comunicación a un solo registro.


Belén Mazzinghi es la secretaria y siendo su personaje el más carente de conflicto se coloca cómodamente en conductas muy correctas, ejerce un rol de narradora al principio y al final de la pieza donde queda claro el corte Brechtiano, esto implica la ruptura de la cuarta pared típica del realismo para dirigirse directamente a los espectadores, que quedan súbitamente inscriptos en el plano de la ficción. Completando el elenco, Segundo Pinto encarna al padre del nieto del presidente, novio conciliador y portador del verdadero mensaje político de la obra. Pinto transita eficazmente lo planteado por el texto y logra los momentos más interesantes de la pieza, su confrontación con el presidente está muy bien orientada, Agustoni logra en esta escena y en la última con su hija los registros más emotivos, momentos muy apreciables, que hacen disfrutar el hecho teatral.

La sala llena y el entusiasmo del público confirman que La medalla de oro de Luis Agustoni es una propuesta aceptable sino exitosa para una noche de viernes.

Sinopsis de Prensa:

"La medalla de oro" es un drama reflexivo basado en historias habitualmente reservadas que convocan el interés colectivo de la sociedad: la intimidad de la vida privada de quienes ejercen el poder general. Trasciende usualmente que el ejercicio de los más altos cargos públicos suele ser poco compatible con la armonía familiar, la dicha matrimonial o la felicidad personal. La obra observa cómo gravitan sobre el gobernante la pesadísima carga del ejercicio de la autoridad sobre la vida colectiva, la abrumadora responsabilidad del bienestar general, la enconada lucha política, la tensa amenaza de la ilicitud, el abuso, y el desprecio de la ley en la entraña misma del poder, las angustias de la conciencia; cómo sus seres queridos se ven expuestos a la pérdida de la intimidad, la extinción de la calidez hogareña, la ausencia de un espacio propio en una existencia inevitablemente ajena a toda vida normal, cómo las presiones, la soledad, los inevitables enfrentamientos del mundo cerrado del poder, y las propias contradicciones del carácter someten a todo vínculo de sangre, de amor o de unión a una prueba de implacable rigor e inciertos resultados.



Ficha técnico artística

martes, 31 de octubre de 2017

Ser de nadie, una obra de Mariana Coronado

Ser, o no ser
La tarea es ardua


Escribe:
Fernando González Oubiña



Las buenas intenciones a veces no alcanzan para construir una obra de arte, el espacio del escenario da la posibilidad de comunicar y también construir significancias, incluso es plataforma para formas de expresión novedosas y experimentaciones de todo tipo. Hay riesgos, quien se trepa a esas tablas sagradas lo sabe, se expone. El artista perfila un lenguaje, intenta expresarse, plantea un sistema de signos lográndolo o no: siempre es valorable y máxime en el caso del teatro independiente.

En Ser de nadie la autora, Mariana Coronado, que además dirige la pieza, plantea un universo monástico sin particularizar, se trata de un monasterio en general, donde no se reconocen rituales puntuales –todas las religiones implican ritualizaciones específicas, del color que sean,  y se materializan sus prácticas en acciones concretas– partiendo de allí, de soslayar toda verdad ritual, se inicia un recorrido que no queda claro en intenciones y denuncias.

Estamos frente a la pedofilia como gran tema que es mostrado hasta con belleza y cuidado estético, evitando la crudeza del tema elegido. Porque ese es el planteo de la propia dramaturgia, y si se toca un tema lo mejor es bancárselo y profundizarlo, no basta con enunciarlo de manera filosófica o estilizarlo ya que luego esto se traduce a un sinnúmero de otras acciones tibias en escena: el amor prohibido entre dos monjes o la aparición fantasmal de uno de ellos luego de muerto, donde no se profundiza ni se particulariza en esas potentes sensaciones, van de la religiosidad insinuada a la aberración tratada blandamente. Cumplo en señalar que el nudo argumental elegido es escabroso y nadie pretende actuaciones que lleven la representación de esta pieza hacia la pornografía explícita, pero en mi humilde opinión la puesta no alcanza sígnica ni actancialmente los objetivos que la temática presente en el texto plantea.


El escenario árido con una gran cruz como obstáculo tampoco colabora a generar la sensación de múltiples espacios, esto es: salón del monasterio, capilla, establo o despacho del Abad, todo es transitado del mismo modo; y aunque se enuncia un frío polar, nieve y hasta una muerte por hipotermia, esto no se traduce en los cuerpos de los actores. Los nombres de los personajes nos remiten a un ámbito nórdico, se habla de una cruda nevada pero no se siente, eso es algo que también hay que actuar… Si se viene de un exterior gélido hay que traducir al cuerpo esa sensación, si se hablara de una copiosa lluvia el actor debiera entrar algo salpicado de agua, en este caso ni aquella enunciación salvadora nos habla de fuego alguno…


Hay otro aspecto que colabora aún menos en la creación de climas, es la música ejecutada en escena, que está siempre presente, sin espacios de silencio, todo transcurre sobre un molesto “ambient”, digamos new age,  que incluso llega a tapar las voces de algunos actores y no deja en ocasiones escuchar el texto. Esta música parte de un teclado a foro, izquierda del público, cuyas luces electrónicas protagonizan los apagones, teclas pulsadas por alguien que todos juegan a no ver, un sexto monje que endulza y envuelve en acordes incluso las sugeridas escenas de abuso.

El esbozo por parte de la dramaturgia y la dirección desfavorece a los actores y todos lo padecen. Todo conflicto existe al haber un oponente, y la oposición llegará sólo al final, siendo la mayor parte de la obra un juego de justificaciones filosóficas expresado dialécticamente. Las acciones planteadas no alcanzan nunca la crudeza o el encanto que debieran. Por último destaco que el manejo de violencia en escena debe ser coreografiado minuciosamente, sino suceden situaciones de forcejeo desprolijas y no creíbles entre los actores y hasta una muerte que ocurre porque está en el texto, para darle cierre a la obra y que el malo page su culpa, pero no queda claro mediante cual elemento ni con qué fuerza se ejecuta esta acción final.







SINOPSIS DE PRENSA:

Aislados de un mundo que consideran aberrante, rodeados de una nieve impenetrable, esquivos de su propio pasado inconfesable... Entre rezos, cánticos, confesiones y penitencias, un grupo de monjes y su Abad viven entregados a Dios. Pero algunos sólo lo aparentan.




FICHA TÉCNICO-ARTÍSTICA:



Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos
TEATRO LA MUECA
José Antonio Cabrera 4255 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4867-2155
Web: https://www.facebook.com/teatrolamueca/
Entrada: $ 200,00 - Sábado - 22:45 hs - Hasta el 25/11/2017 


miércoles, 25 de octubre de 2017

El enfermo imaginario desciende a Buenos Aires

Molière
en versión
de Darío Portugal Pasache







Escribe:
Héctor Alvarez Castillo



Asistimos en el Teatro de la Fábula –hermosa sala por cierto– a la versión que realizó Darío Portugal Pasache de una de las principales obras de Molière: El enfermo imaginario. Recordemos que Pasache ha trabajado en los últimos años con este dramaturgo y realizado con estas características otras puestas similares que también cuentan con su dirección: El avaro y Tartufo.

El enfermo imaginario es una obra en la que el gran dramaturgo y comediógrafo francés del siglo XVII plasma con maestría una crítica a su época, que trasciende esa Francia alejada para nosotros en tiempo y espacio. Satiriza a médicos y a expertos en leyes, al tiempo que desnuda, en ese pater familias que es Argán, al hipocondríaco que mediante pretendidas dolencias y enfermedades manipula para su provecho a propios y ajenos.


La obra de Molière existe dentro del mundo y de la lógica de la Sátira y de la Comedia del Arte y, en consecuencia, utiliza técnicas y recursos que en esta puesta a nuestros ojos no son tenidos en cuenta. Entendemos que de este modo la pieza de Molière no gana sino que pierde fuerza escénica, y aún cuando se intenta salvar la esencia de la historia, ésta se manifiesta renga, falta quizá de lo que le da el toque que la transformó en un clásico.



Las actuaciones tienen en Néstor Villa y en Gisela Uicih los puntos más altos, sobre los que se apoya esta versión. La labor de Sebastián Fantini y German Rade los acompañan acertadamente.


El vestuario y la escenografía trasladan la acción a un Buenos Aires de la primera parte del siglo XX en base a mínimos elementos, restando magia al texto, pero hay que reconocer que están en consonancia con la propuesta general.

Siempre que se mete mano en un clásico del teatro hay riesgos difíciles de sortear que el esfuerzo y la voluntad habitualmente no logran superar con éxito.



Sinopsis de Prensa:

Argán, dominado por una manía u obsesión, producto de su profundo terror a la muerte, pretende sacrificar a toda su familia; su enfermedad, real o fingida, es el pretexto para reclamar la atención de los suyos, imponer sus puntos de vista y refugiarse complaciente en su dolor y la medicina que lo cura.



Ficha técnico-artística:

Duración: 55 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos

TEATRO DE LA FÁBULA
Agüero 444 
(mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4862-6439
Web: 
http://teatrodelafabula.blogspot.com
Entrada: $ 200,00 / $ 100,00 - Viernes - 21:00 hs - Hasta el 27/10/2017