jueves, 15 de febrero de 2018

BAND BANG! UNA APUESTA DE PABLO ALARCÓN


ORIGINAL FUSIÓN DE MUSICA, CIRCO Y  ACTUACIÓN





Escribe:
FERNANDO GONZÁLEZ OUBIÑA


La farsa no es un género en sí mismo, es funcional a deformar o satirizar cualquier género dramático, también incluye una forma válida de crítica de cualquier aspecto de las actividades humanas a través del humor, así de versátil es esta manifestación artística, que muchas veces es vehículo de denuncia y protesta de realidades sociales.


En este caso una serie de secuencias de índole cotidiana, recreadas desde la pantomima y la estética circense dan lugar al recurso de la música incidental, generada por músicos en escena, como las voces de estos personajes caricaturescos que utilizan graciosas y muy bien logradas máscaras de látex. Novedoso recurso como decisión estética que genera cohesión, y usado inteligentemente, como en este caso, aporta una deseable unidad donde podría haber notorios desniveles. La información de prensa hace alusión a la selección de artistas callejeros realizada por el creador de este espectáculo, el consagrado actor Pablo Alarcón, quien toma notorios riesgos y logra una interesante mezcla en cuanto a la fusión de música y actuación allanando diferencias y nivelando para arriba.

Si bien no hay una correlación temática y el espectáculo muestra diversas historias que tienen su resolución y cierre, hay desde lo cotidiano y costumbrista un hilo conductor que remite al circo, al carnaval y al barrio. Los actores-músicos se integran con fluidez al juego actoral entrando y saliendo de su función orquestal, para asumir distintos roles en el desarrollo de la trama, que exhibe breves y simpáticas historias.

La dirección ejercida por el propio Alarcón y Daniel Deé plantea interesantes momentos y un dinámico uso del espacio, delimitando con pocos elementos múltiples espacios, se apela permanentemente al corte brechtiano, donde estos personajes mudos interactúan gestualmente con el auditorio, incluyéndolo; además se exhiben destrezas circenses y se logran momentos de conmovedora belleza visual. Se observa una resignificación del elemento máscara en función del contenido actancial, destaco especialmente el uso de dos máscaras para comunicar estados emocionales distintos en un mismo personaje, recurso humilde en cuanto al planteo pero inteligente y eficaz como efecto. Los directores logran amalgamar diversas situaciones y logran una unidad de estilística, aportando conceptualmente el planteo escénico de los circos de pueblo, donde una progresión de situaciones y manifestaciones artísticas diversas conforman una unidad, determinada por puntuales decisiones estéticas: comprendidas en el vestuario, los elementos escénicos, la alternancia de situaciones cómicas y la destreza física. En este conjunto de situaciones la dirección deja ver además una voluntad de grotesco, género central de la dramaturgia argentina, donde las situaciones oscilan de la comicidad al drama en breve tiempo, este rescate es un elemento que aporta cualidad de género a esta farsa.


Las ejecuciones musicales y el acompañamiento de las situaciones mediante efectos sonoros son en todos los casos muy eficaces y se hace interesante que los músicos abandonen su posición de orquesta para interactuar en las situaciones actorales, en ambos casos: como músicos y como actores todos tienen momentos de lucimiento. La transformación física es un gran desafío para el ojo entrenado, ya que al cambiar de máscara es el esquema corporal del actor el que revela identidad, excelente trabajo físico de todos los integrantes. Siempre destacamos individualmente, con nombre y apellido, los logros de cada uno, en este caso no es posible hacerlo ya que como dije al cambiar de máscara los actores juegan diversos roles, pero esto lejos de ser un defecto es un gran logro del equipo y de la visión de los directores, no es que nadie se destaque, es que todos están al máximo de sus posibilidades expresivas y lo hacen muy bien. Esto me ha llevado a pensar en el criterio de selección de los artistas…


Hay una anécdota muy interesante de Constantin Stanislavsky, contenida en su volumen autobiográfico Mi vida en el arte. Este gran maestro ruso que revolucionó la forma de representación imperante, que desarrolló técnicas que acercaron al escenario construcciones emocionales verosímiles, como director se encontró ante la dificultad de las distintas posibilidades de su elenco, en cuanto a preparación artística y habilidades de comunicar la emoción. Entonces imaginó un recurso: para lograr que el actor desarrollara una actuación más verosímil hizo transcurrir las situaciones de más alta emocionalidad en total oscuridad, logrando en sus actores menos avezados potenciar la sensibilidad “defendidos” por la oscuridad. ¿Por qué esta anécdota en medio de una crítica? Porque en un punto, el uso de máscaras en este espectáculo logra eso mismo que perseguía el gran Stanislavsky, potenciar la expresividad, y en este caso logra la unidad de consumados profesionales como Alarcón con el resto del elenco, logro en nada menor.



Sobre el final, al quitarse las máscaras para el saludo, es sorprendente descubrir cual personaje encarna Pablo, muy simpática decisión artística. En resumen: una propuesta original para la cartelera porteña donde se ha visto con mayor asiduidad el uso de las máscaras en el teatro infantil. Band Bang! es un espectáculo sin estridencias, muy recomendable, que disfrutará toda la familia en el marco de un hermoso espacio teatral a pocas cuadras del Abasto.        

             


SINOPSIS DE PRENSA:

Por primera vez, artistas que trabajan "a la gorra” en el subterráneo de Buenos Aires se presentan junto a "profesionales "en un espectáculo que por la diversidad de códigos y estilos da un resultado inesperado. Actores que juegan detrás de las máscaras. Espectáculo sin palabras, teatro gestual entre el circo, el musical, la danza y el "comic".
El humor y la ternura son sus principales ingredientes, pero no falta una reflexión sobre la Argentina.
Historias en las que los espectadores podrán reconocerse. Canciones que musicalizaron nuestras vidas y por supuesto el tango.

Ficha técnico-artística:

Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Musical, Adultos
TEATRO EL CUBO
Zelaya 3053 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4963-2568
Web: http://www.cuboabasto.com.ar

miércoles, 10 de enero de 2018

Madre amadísima en Buenos Aires de la mano de Daniel Cinelli

LAS MULTIPLES SOLEDADES QUE CONSTITUYEN UNA FELICIDAD UNIPERSONAL







ESCRIBE:
FERNANDO GONZÁLEZ OUBIÑA



Hay verdadera destreza en esta propuesta, desde varios aspectos… el unipersonal es un abismo al que los actores asoman, teatralidad de alto riesgo donde  un solo personaje es el precursor de la acción dramática. Menuda tarea, ningún otro responsable más que ese único actor y sus capacidades cuando se encienden las luces, su cuerpo comunicando un particular universo privado, la soledad como tema, y desde lo emocional el desamor será el gran continente. En “Madre amadísima” una vasta extensión de desamparo se muestra descarnadamente.

Lo dicho en una crítica de setiembre en este mismo espacio virtual: La dirección de un monólogo debe ser de aquellas tareas más difíciles para ordenar tanto en el espacio como en los movimientos, aplica para esta propuesta tan particular y sensible del autor español  Santiago Escalante con la actuación de Oscar Giménez y la dirección de Daniel Cinelli, en escena en Teatro Buenos Aires.

Un costurero y una imagen religiosa, un monólogo que metamorfoseado por la fe se tornará casi en diálogo, un actor que asume la voz de distintos personajes en el decurso de la puesta… Será su madre y su padre, dos de sus enamorados, un par de amigas trans y en todos los casos se convocará esa magia del cambio de rol que es la esencia del juego infantil, que después suele desembocar en la teatralidad. Lejos de nuevas tendencias o modernidades este trabajo tiene una cualidad clásica muy interesante; no pude evitar la evocación de grandes actores ya desaparecidos como lo fueron Osvaldo Pacheco o José María Vilches que gastaron zapatos en los escenarios porteños con gran éxito, Miguel de Molina también está presente de alguna manera en ciertos giros que el personaje, Pedrito Rico y tantos más que tuvieron su espacio en la cartelera local con el auge de la temática española, referentes y grandes artistas como Lolita Torres abrazaron géneros y subgéneros que estuvieron muy de moda en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Indispensables artistas que aún a pesar de no hacer pública su elección sexual, transitaron la exposición mediática, y el ejercicio de su arte los consagró, gozando de la preferencia del público; seguramente la primera mención histórica en la teatralidad local al tema de la homosexualidad sea José González Castillo con su obra “Los invertidos” de 1914. En cualquier caso la diversidad temática y la cualidad inclusiva es una característica que enriquece la cartelera teatral de Buenos Aires.


Es notable destacar que la temática y el imaginario queer -para usar una denominación moderna muy extendida- está muy bien llevada en esta propuesta, porque la dramaturgia importada podía arrastrar a zonas de caricatura este drama humano, pero es destacable que siempre se mantiene un tono muy veraz y sensible en el abordaje de este personaje: un mariquita de pueblo chico, Alfredo un andaluz costurero y sostén emocional de su madre, dedicado a vestir santos para las procesiones tan características de la religiosidad peninsular.

La obra representada con éxito en España y llevada al cine en 2009 por Pilar Távora aborda sin tapujos la temática queer antes mencionada, una voz colectiva que básicamente se circunscribía a un tema de denuncia social y reclamaba visibilidad como parte integral de la sociedad contemporánea, en palabras de Escalante adquiere verdadera carnadura humana, en este ser desamparado y solitario que reclama a su entorno y no recibe respuestas; tampoco las hallará de una sociedad que debiera ser inclusiva y no lo es.
Una España convulsionada por el franquismo, y Alfredo, fruto de un hogar con violencia intrafamiliar, es llevado a las milicias con obligatoriedad civil y destinado a cumplir además un mandato viril que lo expondrá a mayores vejámenes aún, por la única razón de su elección sexual. El amor le será esquivo y eso constituye el nudo de la trama, mientras viste una imagen procesional de la Virgen María este hombre contará su vida y ese alter ego celestial será testigo de las más privadas confesiones.
El director Daniel Cinelli plantea un acotado universo donde los movimientos son los necesarios, los elementos únicamente los indispensables y se concentra en la emocionalidad del personaje, en la verosimilitud de las situaciones que el texto plantea y en una concreta prolijidad que es una línea trazada de la que nunca se aparta, la puesta apela a un concreto esquema de acciones físicas que están centradas en las prendas del vestuario festivo de la imagen religiosa y son el pretexto del momento íntimo donde se revelan las penas del personaje único, mucha prolijidad, excelente trabajo de dirección actoral.
En escena Oscar Giménez se muestra en todas las dimensiones que la dramaturgia propone, desenvolviéndose con seguridad y gracia, se nota en escena un experimentado artista que ejerce total control de sus emociones y de los planos de acción a ejecutar, accede a los decibeles emocionales requeridos con comodidad y se lo nota dueño de la situación en todo momento, esto es de una gran importancia, ya que él y sólo él es responsable del “tempo” de la pieza, muy valorable actuación.
Todos los elementos están dados para que Madre amadísima haga honor a la tradición que antecede a su estreno porteño, y que repita el éxito, ésta vez al otro lado del océano atlántico.




SINOPSIS DE PRENSA:

Alfredito viste a la figura de la virgen en la capilla de su pueblo, al sur de España.
Por primera vez, a solas con ella, se anima a desnudar su vida, con tal gracejo andaluz que convierte en emoción profunda los recuerdos tristes y los penosos en jocosa alegría.

En un ir y venir, entre alfileres y costuras, pasan por su memoria los descubrimientos de su infancia en el pueblo, la adolescencia con el despertar de los sentidos, la hipocresía de su sociedad, sus desventuras en el servicio militar, los afectos perdidos y encontrados, y esa búsqueda constante del amor.

Madre Amadísima pone en el centro de la escena a una "mariquita de pueblo" que lucha por ser feliz, que vive, sufre y ríe con las mismas emociones que cualquier otro ser humano, en cualquier tiempo y geografía.

Ficha técnico-artística:



Duración: 90 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos

martes, 9 de enero de 2018

De cómo el Sr. Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos

Delirante y voluptuosa versión
de Mockinpott
de la mano de Margulis-Levín




Escribe:
Fernando González Oubiña


En la sala de arriba del Teatro IFT, he presenciado una Alucinación colectiva o hechizo de proporciones épicas. Hubo en la última función de la temporada 2017 de Mockinpott suficiente de todo, incluso escándalos que se vivieron en el acceso a la sala, porque el público asistente rebalsaba casi tres veces la capacidad del noble inmueble… Sobre el escenario, estupendos actores que suman hallazgos, más colores del género -todos los imaginables, y más- y luego la más desparpajada libertad; los ojos no me alcanzaron para ver a todos estos hermosos dementes, dedicados a la ardua tarea de construir significancias, en esta estupenda puesta en escena del dúo Margulis-Levín de la emblemática: De cómo el Sr. Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos; obra clave de la icónica pluma de Peter Weiss (1916-1982), este dramaturgo, novelista, pintor, artista gráfico y cineasta experimental, nacido en un suburbio de Berlín, Alemania, que luego adoptó la nacionalidad sueca.

Weiss como dramaturgo destaca en la utilización de una amplia gama de recursos técnicos y estilísticos, la diversidad de planos temporales, el recurso del teatro dentro del teatro, el uso de coplas callejeras y pregones, la manipulación de los elementos del teatro musical y del absurdo por primera vez unidos, elementos todos que amalgamados a un comprometido discurso social constituyen la clave del dinamismo de sus piezas y cimentan esa particular expresividad, que será marca registrada de su  producción, catalogada como: teatro-documento, o teatro documental.



Explicado en palabras del propio autor: "…un teatro de información, que renuncia a toda invención, se sirve de material auténtico (expedientes, actas, cartas, cuadros estadísticos, balances de empresas, entrevistas, declaraciones oficiales, reportajes, etc.) y lo da al escenario sin variar su contenido, elaborándolo en la forma…"

La voluntad eminentemente crítica del teatro-documento se pone de manifiesto en obras como La indagación, Discurso sobre Vietnam, Trotski en el exilio, Hölderlin, pero es en Marat Sade donde consolidará el recurso de la denuncia y la resistencia política, como intertextualidad con los sucesivos presentes, tornando su dramaturgia en un legado imperecedero.


Weiss junto con su familia tuvieron que exiliarse durante el nazismo. Vivió en Inglaterra, Checoslovaquia y en Suecia, donde en lengua sueca comenzó su carrera como escritor, aunque más tarde logrará fama internacionalmente como escritor en idioma alemán. Estudió en la prestigiosa Academia de Arte de Praga; fue honrado con el Premio Charles Veillon, 1963; el Premio Lessing, 1965; el Premio Heinrich Mann, 1966; el Premio Anderson Carl Albert, 1967; el Premio Dehler Thomas, 1978; el Premio de Literatura de Colonia, 1981; el Premio de Literatura Bremen, 1982; la Nios De premio, de 1982; el Premio de la Crítica de Teatro Sueco, de 1982. Póstumamente le fue otorgado el Premio Georg Büchner, en 1982.

Alfonso Sastre en su prólogo nos da la siguiente idea: "Peter Weiss siempre pensó en el Infierno de Dante como una imagen de nuestro tiempo". Nos ocupa el infierno del Sr. Mockinpott, que Weiss recrea con fines morales y prácticos, identificándolo con la catástrofe que supone para la humanidad la derrota de la revolución proletaria y el surgimiento del fascismo: Holocausto privado para el protagonista de esta pieza, él será excesivo y se mostrará vulnerable, la realidad circundante lo vejará de múltiples maneras. Caricatura del hoy escrita en el pasado.
En esta puesta es notable la des realización, el despegue de un modo comunicacional naturalista para pasar a la estética circense, al clown más particularmente, que es una forma de exposición extrema atravesando la cuarta pared para incluir al espectador de variadas formas, en términos de ideología clownesca es el público el que completa la escena en tiempo real, incluido y desprevenido deberá responder a todos los estímulos y requerimientos del actor, que se asoma a la posibilidad de un otro no receptivo, y este buen actante quedará dibujado y deberá, en el mejor de los casos, duplicar la apuesta, elegir rápidamente un foco de atención mayor por las razones que fueren, rebuscárselas o gritar: ¡telón!

Dato notable: sobre la versión traducida al español de Alfonso Satre, Javier Margulis, uno de los directores, adapta y contextúa con pluma maestra, trayéndola al presente, respetando la métrica y versificación de la traducción de Sastre. Tremendo y destacable logro que se suma a los múltiples hallazgos de dirección que esta dupla maravillosa: Eugenia Levín y Javier Margulis constituyen, ellos plantean un universo con recursos muy magros pero estupendamente aprovechados: luces adecuadas, vestuario correcto y el recurso escenográfico de los telones pintados, que nos conectan inmediatamente con la tradición del teatro antiguo, la ópera e incluso los primeros fotógrafos retratistas de estudio; el espacio se delimita constantemente en una simpática convención donde los mismos actores corren el telón, generando un proscenio que es de intimidad e interacción de los personajes protagónicos: el Sr. Mokinpott y su amigo Pepino, quienes dialogan en un constante corte brechtiano incluyendo a los espectadores, incluso dirigiéndose a ellos y consultándolos.

Los directores apelan al humor, el más cruel y recargado, y al estilo de la Farsa que no existe en estado puro ni es un género propiamente dicho, es más bien un proceso de simbolización que puede sufrir cualquier género dramático en la propuesta que nos ocupa este recurso es utilizado para criticar la forma en la que viven los seres humanos en sociedad. A la Farsa se la asocia comúnmente con lo cómico, grotesco y bufonesco, a una risa grosera y a un estilo poco refinado. Se origina en la Edad Media, se supone que nace de una serie de liturgias y jurisprudencias que eran evidencias de algunas situaciones irregulares en la vida, tanto civil como eclesiástica. Mientras la comedia intenta reconciliar al espectador con sus propios vicios humanos, la farsa pretende denunciar una realidad oculta, ignorada o controlada. Lo hizo en tiempos antiguos satirizando los principales géneros teatrales que en ese momento existían: el de los misterios y el de las moralidades, en tono de  burla. Etimológicamente del Francés farce, de farcir, y éste del Latín farcire, rellenar.

Una notable sucesión de confrontaciones ideológicas atrapa al protagonista en controversiales contradicciones, exponiendo el maloliente tejido social y el abuso que ejercen las instituciones sobre el sujeto. Como en toda la obra de Peter Weiss la incorrección política es su marca registrada, la denuncia social es llevada a una estilización intertextual que tiene la particularidad única de la atemporalidad, estos males que Weiss denuncia seguirán aquejando a nuestra especie, porque el gran autor nos expone destazando el alma humana en una feroz carnicería psicológica, el texto plagado contenidos anarquistas y una marcada tendencia humanista es una pieza central del teatro universal. Mediante un consistente intertexto político la dramaturgia propone un descentramiento, el mundo de Mokinpott estará patas arriba cuando él logre librarse de la injusta condena que lo mantiene tras las rejas. Esta versión es en realidad una plataforma de experimentación que plantea un determinado sistema de signos como pretexto para bucear en el alma humana.


En escena los directores priorizan el trabajo con el propio cuerpo y con el cuerpo del otro, todos ejecutan aceitados recursos de comedia física y vemos un constante ejercicio virtuoso de dirección y actuación que conjuntamente y sin límites van retroalimentándose y refocilándose en la esencia misma de la teatralidad contemporánea.
Es destacable como la experiencia de estos creadores es capaz de trasvasar, re significando una obra de arte máxima de la literatura dramática contemporánea, con un ingenio sin límites. Riesgos  tremendos largamente superados; hay una decisión de los directores de encauzar el hacer en férreos límites de estilo y luego dejar volar al intérprete, que entendió el sistema de signos con verdadero virtuosismo en todos los casos, si, todos y cada uno en este elenco hacen un ejercicio notable de llegar a altos decibeles artísticos y de allí redoblar la apuesta hasta una fisión actoral, este Chernobyl hilarante hace doler la barriga y pensar, sorprende y abruma de belleza.

Los actores encaran alocadamente un teatro que no oculta en lo mas mínimo el artificio, con una escenografía resuelta en paños pintados y practicables neutros, que se alinean para construir muebles y espacios, la esencia misma de lo teatral que el dúo Levin- Margulis ostenta tan desfachatadamente como sus actores la actúan; destaco aquí la agudeza para ver más allá de lo aparente, de lo obvio, en términos no tautológicos.

La consistencia de la propuesta se materializa en niveles estratigráficos de lectura, diferentes napas donde se re significan las conductas farsescas, la constante actividad clown dominada por precisos efectos sonoros, generados por un personaje narrador incluido en la escena, que con redobles y efectos rítmicos realza las actuaciones con precisión, logrando una mecanización del sujeto que es hilarante, este ángel musical interpretado por Lechuga Beckerman dialoga con eficacia desde otro lenguaje con la acción y sus protagonistas, excelente trabajo, clorofila de gran actor corre por sus venas.

El Sr. Mockinpott es un hombre común y buen ciudadano: cumple con su trabajo, paga sus impuestos y se encuentra felizmente casado. Súbitamente su mundo se desmorona y la realidad comienza a serle adversa, sin llegar a comprender el porqué. Por tal motivo, acudirá a diversas instituciones que conforman el sistema social, para revertir la causa de sus padecimientos. El grotesco, la caricatura, el humor en la interpretación de Nacho Albani se manifiestan en ajustadísimos matices y registros que él va administrando a lo largo de la pieza, actuación plagada de momentos desopilantes, logrando desde una inocencia muy bien trabajada una estupenda interpretación del personaje que da nombre a la pieza.

Pepino, es con quien Mokinpott comparte su incertidumbre, su confusión. Así llegan a consultar a la ciencia y al gobierno buscando explicaciones, y por último al Dios supremo, Pablo Algañaraz se luce contrapesando la escena siempre con gracia, dándose lujos y realizando trucos, sus recursos son sorprendentes y está en estilo aún cuando notoriamente improvisa, saliendo airoso del riesgo siempre; su interacción y metalenguaje con el público quiebra todo límite de realidad y ficción y lo que debiera ser un defecto es algo maravillosamente implementado.

Dentro de esta sátira a las Instituciones que resultan sordas, inamovibles, inconmovibles e injustas una de las características es que, salvo Mokinpott y Pepino, los demás actores interpretan entre cuatro y cinco roles. Las tres actrices y el actor que completan el elenco se multiplican y lo hacen con una libertad y una precisión que es estupenda, la unificación de códigos en estas actuaciones es digno de superlativos únicamente; Yanina Frankel será ángel, Poder legislativo, enfermera y esposa, en todos despliega una gama de posibilidades notables, pero sin duda la comedia física en la escena de la esposa es su punto más alto. Marina Barbera será Fiscal, ángel, doctor y poder judicial, en su interpretación del doctor y el poder judicial alcanza decibeles de increíble comicidad. Valeria Maldonado, será abogada, patrón, enfermera –junto con Frankel son una dupla explosiva como enfermeras- también poder ejecutivo y ángel, ella sacará punta a todas sus caracterizaciones, me quedo con la hilarante abogada. Completa este maravilloso elenco Agustín Soler que es el empleado, carcelero, amante y El Supremo, él se lucirá en todos los roles, pero es quizás en el empleado donde logra una épica conducta que sorprende y maravilla, el amante será víctima de la desbordada y sexual esposa, con El Supremo se luce en una construcción impecable, en fin, todos los actores encuentran en sus múltiples personajes distintas conductas que los destacan, y ejercen un adorable virtuosismo.
Siendo la última función de la temporada 2017, luego de ocho meses de representaciones, presenciamos los asistentes una tradición de las tablas, que es la de hacer bromas al compañero, o salirse del texto y marcaciones, muy disfrutables exabruptos y disrupciones, escenas como la del hospital o la del poder judicial se fueron, -para decirlo técnicamente- a la mierda, y me encantó… Estos poseídos son capaces de joder “en estilo”…

Mucho más que recomendada esta celebración antológica de la teatralidad, me corrijo: es obligatorio ver esta maravilla. ¡Gracias al elenco por romper ese escenario a puro talento!




Sinopsis de Prensa:

Un texto político de Weiss que propone situaciones ideales para el trabajo de Clowns y permite, con la lupa de la caricatura y el humor, contar las desventuras de un hombrecito común quien, a partir de un error, sucumbe ante la realidad hostil. Nada de lo construido a lo largo de su vida parece tener sentido. En compañía de un amigo casual y un ángel, iniciará el camino hacia la comprensión de sus desgracias, realizando una visita a las instituciones (Justicia-Matrimonio-Trabajo-Ciencia-República-Religión) con la intención de que respondan a sus inquietudes.



Ficha técnico-artística


Duración: 75 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos