sábado, 22 de abril de 2017

Jorge Eines en otra versión de Macbeth


Macbeth, yo no me voy a morir 


Por Alejandro Miroli


La dramaturgia de Jorge Eines ilumina un centro dramático de Macbeth: la decisión. Dos actrices que ejecutan cinco roles –dos brujas, Macbeth, Lady Macbeth y Banqueo– y que se desdoblan con mínimos cambios de prendas, con gestos y voces ponen en escena la cuestión más dramática que pueda formularse: cómo decidir, por qué decidir.

La lengua castellana distingue entre tomar una decisión y caer en una decisión. La primera expresión convoca el vocabulario de la planificación deliberada, de la gratificación mediata, del comportamiento intencional, la racionalidad reflexiva o prudencial.  Quienes toman decisiones comparan consecuencias, imaginan escenarios alternativos a fin de elegir la mejor opción en términos de sus resultados y problemas, se pueden retirar del proceso y renunciar al resultado esperado si del análisis resultara que la decisión provocaría problemas de distinta magnitud. La segunda expresión convoca el lenguaje del atribulamiento, de la incapacidad de prever consecuencias, de la primacía de la gratificación inmediata a sabiendas del fracaso mediato, de la zozobra ante el impulso incontrolable, del comportamiento impulsivo, de la irreflexión. Quienes caen en una decisión no pueden comparar lo que haya de ocurrir con nada, no pueden detenerse para evaluar escenarios alternativos, carecen de salidas y no se pueden retirar aún cuando presientan el resultado calamitoso, la intensidad de la gratificación imaginada es tal que no pueden despegarse de ella. La acción se torna contra específica: logré lo que quería al precio de perderlo. La satisfacción es meramente imaginaria, sólo ocurre al pensar que viviremos aquello que sabemos que no podremos vivir.

Contra una cierta tradición, que vería en la primera expresión una manifestación de agencia responsable, y en la segunda de mero impulso, ambas son decisiones responsables: en ambas el agente se puede y se debe hacer cargo, en ambos casos las decisiones resultan de la libertad, ya que ni tomar en una decisión ni caer en ella se asemejan al comportamiento del caracol. Para el caracol no hay tragedia, no hay situaciones que lo capturen y angustien, no hay remordimiento y horror, no hay interpretaciones falsas o legítimas de profecías confusas, no hay sesgos cognitivos que ocultan advertencias formuladas en clave simbólica. Para el caracol, hay vida, muerte, comer, deponer, y nada de nada de lo que acaezca con él, le sucede a él, sino que sucede con él, como lo que le sucede con un cascote pateado por un paseante.

Pero al humano en tanto sujeto todo le sucede, se refiera a una subjetividad involucrada, sea que tome decisiones, sea que caiga en ellas, ambas cosas lo involucran como parte de sí. A los humanos las cosas no pasan con nosotros, sino que protagonizamos las cosas; al poner el deseo las cosas nos-son, y la conciencia de dicho suceder se hace parte inevitable de lo que va ocurriendo. Incluso la conciencia embotada por las múltiples tecnologías del olvido que los humanos con tanta premura generamos. El caracol no se auto-engaña, el humano sí.



En Macbeth se observa el rasgo trágico de la caída en una decisión: el deslizamiento hacia la autodestrucción en la acción que al empeñarse se deshace. Las brujas saludan en Macbeth a un rey por venir, pero los augures del mundo preternatural no son mensajes del futuro, sino que solo exponen lo que el deseo tiene tapado, hacen visible las apetencias recónditas. Por ello Banqueo señala:

Eso, creído ciegamente /podría empujarte a la corona/después de hacerte Cawdor. Aunque es muy extraño: /las fuerzas de las sombras nos dicen verdades, /nos tientan con minucias, para luego engañarnos /en lo grave y trascendente.

No se trata de la fortuna que opera como demiurgo, en la cual se depositarían las decisiones:

MACBETH [aparte] Si el azar me quiere rey, que me corone sin mi acción.

Pero no hay un dejarse llevar, hay una acción deliberada de precipitarse en el augurio de transformarlo en resultado; por ello, si Macbeth pretende dejarse llevar, su esposa será la fuerza que lo haga caer en la decisión de matar al rey:

LADY MACBETH Eres Glamis, y Cawdor, y serás/lo que te anuncian. Mas temo tu carácter: /está muy empapado de leche de bondad /para tomar los atajos. Tú quieres ser grande /y no te falta ambición, pero sí la maldad /que debe acompañarla. Quieres la gloria /mas por la virtud; no quieres jugar sucio,... /Ven deprisa, /que yo vierta mi espíritu en tu oído /y derribe con el brío de mi lengua /lo que te frena ante el círculo de oro /con que destino y ayuda sobrenatural /parecen coronarte.

El empeño de Lady Macbeth y la consumación del crimen y sus temibles efectos los llevan hasta el final, hasta los fantasmas inmortales que intentan comprender como cayeron en el deseo, y lo que tienen para comprender es un material fragmentario, hecho de profecías difusas y deseos sin límite. No se trata de un castigo al estilo teísta, sino de la consecuencia trágica de la caída en la decisión.



En una industria cultural que alienta el camino hacia el caracol, una humanidad televisiva que exhibe como logros las respuestas de los sujetos de Skiner en las jaulas virtuales en que se embotan, cada apuesta por tomar ese legado, y hacerlo ir más allá, es absolutamente loable y deber ser destacado. Y es de alentar una escucha precisa de esta versión de los acaeceres del príncipe Macbeth.


Ficha técnico artística
Duración: 60 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos


CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
Corrientes 1543 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 5077-8000 int 8313
Web: http://www.centrocultural.coop
Entrada: $ 220,00 - Viernes - 20:30 hs - Hasta el 19/05/2017 


jueves, 3 de noviembre de 2016

Una visita al mundo de Anaïs Nin

Anaïs Nin vista por Eloísa Tarruella 







Escribe:
Alvarez Castillo



Esta obra teatral que lleva varios meses en cartel ha tomado, por decisión de su autora y directora: Eloísa Tarruella, los riesgos naturales que surgen de inspirarse en personajes históricos de difundida fama y prestigio.


Este dato no es menor, teniendo en el medio al revulsivo Henry Miller y a Anaïs Nin, nuestra protagonista, y la que fue su mujer: June Mansfield. Tal gesto inicial hace que no vayamos al teatro como meros espectadores. Si algo hemos leído anteriormente sobre ellos, nuestra expectativa es alta. Buena parte del argumento ya lo sabemos. Queda poco margen para la sorpresa. Lo esencial debe estar en cómo se presenta la historia, las idas y venidas, las actuaciones, los diálogos. En definitiva, el teatro debe hacerse cargo a su modo y como puede de la historia.

Y nos encontramos ante una Anaïs sumida en un halo de timidez, al tiempo que solicitante. June es avasallante, de una sensualidad y desnudez vital que sobrecogen. Miller es el escritor en la furia de su creación. Un novelista en cada rasgo. Su obra en gestación siempre es la mayor fuente de perturbación en esos días. En el trío se conjugan inteligencia, talento, belleza, deseo y pasión.


Anaïs recorre distintos etapas que atravesaron estas relaciones cruzadas, para esto se hizo necesario recurrir a una sucesión de cuadros y escenas, tener la sabiduría de hacer los cortes y ensamblar ese rompecabezas que generó el discurso teatral. Allí observamos buen uso del espacio escénico y un lenguaje fílmico velado que subyace en la estructura general de la obra. Y nos recuerda, desde cierta articulación, el texto teatral: África, la muñeca de Felisberto Hernández de Roberto Echavarren.

De las obras de Eloísa Tarruella esta es la más cercana a una transgresión de la sensibilidad burguesa. La creación y la atracción hacia el otro son motores constantes. La vitalidad, la pasión, son lo que ejerce el dominio. Por momentos, violenta y seductora, June nos dice que nacemos presos y vamos a morir presos.

El amor es el límite en el que habitan los tres y no el ingrediente esencial, como en las obras anteriores que hemos comentado de esta joven artista y pueden rastrearse en el archivo de este blog. En un breve diálogo de la película Ninfomaníaca de Lars von Trier, uno de los personajes femeninos declara: “–¿Crees saber todo sobre el sexo? (pausa) El ingrediente secreto del sexo es el amor.”


Sólo agregamos que el papel de Hugo, el marido de Anaïs, no tiene vida propia; reacciona siempre en consecuencia de. No alcanza a constituirse como personaje. Por cierto, el Hugh Guiler real, el marido de Anaïs, era un ser ajeno a este trío. Sus intereses y deseos estaban en otra parte.

La existencia y las pasiones de estos seres atravesaron el siglo XX y, por alguna necesidad de nuestra época o de nosotros, trascienden esos años y se instalan entre nosotros. Decisiones que ellos tomaron en forma consciente o sólo llevados por el deseo, el instinto, o alguna vaga noción de libertad, han ido forjando nuestro mundo, esta versión siglo XXI que hoy tenemos de la sociedad occidental. Actualmente no sólo es habitual observar conductas que relatan sus textos o sospecharlas en cualquier ambiente, sino que cualquier paparazzi día a día nos intenta atraer con andanzas de deportistas o de modelos que uno puede llegar a creer que tienen algún parentesco con las relaciones que mantuvieron Anaïs, Henry y June . Pero sólo son anzuelos para llamar la atención, a diferencia de esos encuentros de la París de entreguerras, cuando en el mundo parecía que algo más profundo se estaba gestándose.


En los hechos que recrea la obra de Eloísa Tarruella se tiene la sensación de que lo que está en juego no es otra cosa que la vida.

Saludamos las actuaciones, el vestuario, así como la música original y la escenografía.



Sobre Anaïs Nin, un texto de Enrique Sánchez Hernani, tomado de El Dominical:

"Desde ese primer encuentro no habrían de separarse más, espiritualmente al menos, aunque sus amigos no les auguraron una amistad trascendente. Anaïs, a pesar de su vocación por sofocarse de sensualidad, en el fondo era una "niña-mujer" de vagos modales aristocráticos, que requería siempre tener a su lado a su marido, Hugh Guiler, un banquero próspero y sobreprotector, y tenía una verdadera debilidad por rodearse de un entorno armonioso, amigos elegantes, objetos caros, al punto de que con facilidad se le podía atribuir la superficialidad. Miller, en cambio, era un gánster calvo, cuarentón, con aspecto de sepulturero y una sonrisa crápula que usaba para sobrevivir en la asquerosidad de los barrios miserables donde se veía obligado a vivir. Sin embargo, por insistencia del espíritu libertino de Anaïs y la tenue perversidad de Henry, se convirtieron en amantes."



Sinopsis de Prensa:

Anaïs Nin escribe su diario personal en París de los años ’30. Diario que inició de niña, después del abandono de su padre. Casada con Hugo, financista, conoce a Henry Miller y se desata una pasión que desborda el mundo ordinario. “Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres, una mujer desesperada y perpleja que siente que se está ahogando, y otra que salta a la acción, como si fuera un escenario…”. Anaïs, escritora, amante…; una mujer sensual, erótica, capaz de hurgar en su deseo y explorar el cuerpo de su historia y la historia de su cuerpo, siempre en libertad, y así desafiar el fragmento de tiempo de aquellos años de sol y de niebla.


Ficha técnico-artística




TEATRO PAN Y ARTE
Boedo 876 
(mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4957-6922

Web: 
http://www.panyarte.com.ar
Entrada: $ 150,00 - Sábado - 20:00 hs.
Del 12/11/2016 al 19/11/2016 



viernes, 21 de octubre de 2016

Traslasierra, entre la vanguardia y las represiones

Escribe: 
Alvarez Castillo



El espacio escénico de la sala Silencio de negras parece hecho a la medida para esta obra o la obra creada adrede para este espacio teatral: un amplio salón en un primer piso del porteño barrio de Balvanera. Las gradas desde las que los espectadores presencian la representación, el propio sitio donde los actores expresan su arte y una zona, detrás de ellos, desde la que el viento, la tormenta, las prendas blancas y femeninas, nos llegan y son parte del texto, y un lateral donde una voz irrumpe en presencia. Eso es y ahí es el matrimonio de Traslasierra y Silencio de negras.


En Traslasierra la vanguardia literaria, lo francés, la escritura automática, dialogan con la historia familiar de tres mujeres a las que se suma la última conquista del hombre que conocemos a través del discurso de ellas. También está el vendedor de Biblias, ese fantasma-fantasía que descorre el velo de las represiones, las pone en evidencia como la tormenta, la naturaleza que nada puede detener cuando muestra su poderío.




Asistimos al drama de dos hermanas que en cierta orfandad dependen de una madre abandonada, con las aspiraciones puestas en ese padre que no está y el deseo de abandonar un pueblo donde sus vidas se van secando. Las sierras limitan la existencia, mientras que el mar excede los límites.


El texto utiliza un contrapunto epistolar con la acción. Hay espacios simbólicos, el interior, el exterior, que se disputan el presente, y la parodia trasciende el viejo y el nuevo mundo. Promediando la obra, la aparición de una prometida –el personaje bizarro apropiado ante el absurdo– dinamiza la acción y colabora para un cierre a tono con el desarrollo.

Una acertada puesta que consideramos ajustada a un texto que goza de una teatralidad distinta. Las actuaciones están en comunión con esto, así el decorado, la música y la iluminación.




Sinopsis de Prensa:

En una humilde casa serrana, Selva, Libertad y Madre esperan noticias de Padre, quien huyó hacia Europa en pos de conseguir un mejor futuro para la familia. Al momento de poner en ejecución "el Plan de Papi", la tormenta de Santa Rosa, el comienzo de la Guerra Civil Española y el fanatismo religioso pueblerino serán los grandes obstáculos que deberá afrontar esta familia amante del surrealismo.



Ficha técnico-artística:





SILENCIO DE NEGRAS
Luis Sáenz Peña 663 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4381-1445

Web: 
https://www.facebook.com/silenciodenegras.teatro
Entrada: $ 150,00 / $ 120,00 - Sábado - 21:00 hs - Hasta el 29/10/2016 


viernes, 14 de octubre de 2016

Los chicos malos de Gabriel Gavila

Escribe: 
Alvarez Castillo

  Gabriel Gavila es un talentoso cómico a quien hemos elogiado en nuestra entrada Dillinger. En este show que se denomina Freak Performático, concebido y dirigido por él, Gavila exhibe una creatividad preocupada por otros temas y distintas posibilidades de expresión.
 
  La obra comienza antes que la obra, en sintonía con la tradición performática que propone frescura e innovación. Los actores se mezclan con el público que va llegando a La Sodería –un interesante ámbito para el arte, desde una concepción arquitectónica y plástica atractiva– y de alguna manera lo hacen parte del show que está iniciándose. No hay cuarta pared porque sencillamente se juega a que no existan paredes de ningún tipo, mientras que se mantiene vivo el espectáculo y su artificiosidad natural.



  En Chicos Malos lo masculino se muestra en su homosexualidad y virilidad desde la metáfora de cuerpos jóvenes en escenas revulsivas, combinadas con música y danza; un espectáculo que nunca hace a un lado la propuesta plástica y estética.


  Las intervenciones del director de la compañía y las de su contrapunto, un personaje falsamente ingenuo, ponen en escena una cuestión radical: la realidad de la actuación, la realidad del arte, contrastadas con nuestra propia realidad, en más de una ocasión actuada.

  La transgresión –¿puede haber transgresión en el siglo XXI, o qué tipo de transgresión se puede dar?– parece surgir de un mostrarse tal cual se es. En este show –que se enuncia negándose como obra teatral, pero manteniéndose siempre dentro de ese paradigma mediante la confección constante de retazos de un cuerpo teatral único–, los juegos sexuales que se inician en el tanteo, en la inseguridad, en la agresión y en la búsqueda de identidad en el otro, siempre apelan a la conciencia. Ese verse en el que está fuera para hallar al que está dentro.
  Otra nota explícita es la recurrencia a lo bizarro, desde actitudes masturbatorias, desde la mímica sexual, o en la concepción del andrógino.

  El guión de Gavila nos mantiene en los límites del teatro. En su puesta estos chicos malos habitan un desamparo del que a veces la parodia es su único refugio. La burla auto-referencial no cesa. No hay monólogo que se precie sin un grado elevado de llevar a lo consciente nuestra realidad.

  
  Luego de Chicos Lindos y Chicos Malos, nos queda esperar por Chicos Feos, para ver el final de esta saga performática. 



Síntesis para Prensa:

El universo de la seducción y la sexualidad en contraposición a la vida de cada uno de nosotros. El ensayo de un espectáculo con pretensiones de ser un gran show pero que queda a mitad de camino por la rebeldía de uno de sus integrantes, quien frustrado y paralizado por la languidez posmoderna, sumerge a todos en la búsqueda de la verdad y la originalidad. "Chicos malos" no tiene historia, pero sí elementos "reales" para exponer verdades. Teatro vivo, roto y punk.

Ficha técnico-artística:




LA SODERIA - ESPACIO ARTÍSTICO FABRIL
Vidal 2549 
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4543-1728

Entrada: $ 150,00 - Viernes - 21:30 hs - Hasta el 25/11/2016